lunes, 18 de enero de 2010

HIDROGRAFIA-HIDROLOGIA

  • HIDROGRAFÍA: Es una rama de la Geografía que se ocupa de la descripción y estudio sistemático de los diferentes cuerpos de agua planetarios, en especial, de las aguas continentales.
  • HIDROLOGÍA: En su definición más simple es la ciencia que estudia la distribución, cuantificación y utilización de los recursos hídricos que están disponibles en el globo terrestre. Estos recursos se distribuyen en la atmósfera, la superficie terrestre y las capas del suelo.

                                                                      Fuente: Omar Escalona Vivas, UBV Sede Barinas.

  • CUENCA HIDROGRÁFICA: Se entiende por cuenca hidrográfica la porción de territorio drenada por un único sistema de drenaje natural. Una cuenca hidrográfica se define por la sección del río al cual se hace referencia y es delimitada por la línea de las cumbres, también llamada «divisor de agua» hidrológicos.
  • Se define como Cuenca hidrográfica, a la una unidad territorial delimitada por las líneas divisorias de aguas superficiales que convergen hacia un mismo cauce, y conforma el espacio en el cual se desarrollan complejas interacciones e interdependencias entre los componentes biofísicos, sociales, económicos y culturales, a través de flujos de insumos, información y productos. Las cuencas hidrográficas, son las que posibilitan la utilización del recurso agua para los distintos fines que la sociedad requiere y que van desde el consumo humano básico, el regadío de los cultivos, el uso industrial, hasta la generación de hidroelectricidad.

CUENCAS HIDROGRÁFICAS DE VENEZUELA (MAPA)
Fuente: Omar Escalona Vivas, UBV Sede Barinas.




LA FORMACION DEL SUELO


INTRODUCCION
Las teorías sobre la génesis del suelo reflejan el nivel alcanzado en el conocimiento científico de los suelos, en un momento dado, y en el fondo incluye el concepto mismo de suelo.
Al aumentar el conocimiento de los suelos a lo largo del tiempo, han habido cambios en el concepto de suelo y en consecuencia, han cambiado también las teorías sobre su génesis. Hasta hace un siglo, era común considerar al suelo como roca desintegrada, mezclada con materia orgánica descompuesta. Esta idea fue reemplazada, primero en Rusia y luego en otros pases, por el concepto de que los suelos eran más que roca meteorizada y que tenían perfiles, constituidos por horizontes relacionados genéticamente. En consecuencia, la antigua teoría sobre la formación del suelo, basada en la meteorización exclusivamente, resultó insuficiente y se necesitó una nueva teoría para explicar la formación del perfil del suelo y su diferenciación en horizontes.
La formación del suelo pasó a ser considerada como el producto de la meteorización, más ciertos cambios adicionales que en Rusia se atribuyeron fundamentalmente, a la acción del clima y la vegetación, aunque la importancia del material madre del suelo, el relieve y el tiempo, no fueron ignorados.
Los estudios de Dokoutchaiev y sus discípulos y colegas se centraron fundamentalmente en grandes grupos, o tipos de suelos característicos, cada uno con una morfología determinada. Los estudios edafológicos en Europa Occidental y en América inspirados en los conceptos rusos, siguieron naturalmente la misma orientación. La consecuencia lógica fue que suelos muy diferentes en su morfología y en sus propiedades físicas, fisicoquímicas, químicas y biológicas deban originarse por procesos esencialmente diferentes, tanto en su naturaleza como en su intensidad. A estos procesos se les designó con nombres derivados de los nombres de los suelos que originaban; a veces el nombre del proceso no se derivó del nombre del suelo, sino de alguna característica prominente de él.
La evolución posterior de la ciencia del suelo, particularmente en las últimas décadas demostró que aquellas concepciones eran erróneas a veces, pero sobre todo muy simplistas. La sistematización de los procesos de la edafogénesis en compartimientos estancos resultó incongruente y francamente contradictoria con la distribución y asociación geográfica de los suelos.
A medida que progresaron los estudios de levantamiento y caracterización de suelos, se comprobó que en todo el mundo eran comunes las formas transicionales entre tipos de suelos diferentes y que entre dos tipos cualesquiera, podían existir varios intergrados, constituyendo toda una gama entre los extremos. Si los suelos formaban pues un “continum” donde el pasaje gradual de unos a otros era lo normal los procesos que los originaban no podan tener límites netos y rígidos.
Actualmente se acepta que en los procesos de formación y evolución de los suelos intervienen una serie de procesos simples (en términos relativos) que son comunes a
todos los suelos pero que según las condiciones, se manifiestan con mayor o menor intensidad. De la combinación particular de procesos simples o elementales existentes en un lugar dado, depender la naturaleza del suelo formado. Cada tipo de suelo no es pues el producto de un proceso específico distinto en su naturaleza a los que originan otros tipos de suelo, sino que es el resultado de una combinación particular de procesos simples que se caracteriza por la intensidad con que se manifiesta cada uno de estos últimos. Cuanto mayores sean las diferencias entre dos tipos cualesquiera de suelos, mayores serán las diferencias en intensidad de los diversos procesos elementales que, actuando conjuntamente, les dieron origen a uno y otro.
Este concepto, en apariencia simple, pero que es el resultado de análisis de numerosísimos estudios realizados en diversos pases, constituye la base del enfoque moderno de la interpretación de los procesos de formación del suelo. Ha sido elaborado, desarrollado y expuesto por autores de diferentes nacionalidades.
Simonson (1959), lo expuso en su “Esbozo de una Teoría Generalizada de Génesis del Suelo”. Gaucher, G. (1968), se expresó en términos similares al señalar que la identificación de un tipo de suelo se basa en el análisis del “proceso tipogénico” que le da origen; este último se define por la asociación de procesos elementales que lo constituyen. Wright y Bennema (1965), se han manifestado en términos similares al analizar el concepto de renovabilidad del suelo como recurso natural.
Cabe hacer aquí una acotación importante, referida al rol e importancia de la meteorización de las rocas, y formación y acumulación del material parental de los suelos y su ubicación en los procesos de edafogénesis. También aquí la concepción tradicional resulta muy simplista. En efecto, ha sido habitual el considerar a la meteorización y la formación del material parental como procesos geológicos, diferentes y anteriores a los procesos edafológicos de formación del suelo.
Modernamente, se ha visto que esto no es así, y que a veces es hasta imposible, según las definiciones clásicas, la identificación del material parental de ciertos suelos formados a partir de rocas ígneas. Tal lo que demostró Brewer (1964), al estudiar un suelo sobre diorita; este autor concluyó que la evaluación cuantitativa de los cambios mineralógicos ocurridos durante la edafogénesis sólo era posible si se tomaba como material original del suelo a la roca fresca. Naturalmente que este concepto choca con la definición clásica del material parental del suelo al que se consideró como “el material suelto producido por la alteración de las rocas”. En el caso de suelos formados sobre rocas ígneas o metamórficas la duda se plantea acerca de cual es el grado de alteración necesario para aceptar que la roca se ha transformado en material parental. Como normalmente hay una transición gradual entre la roca fresca y el producto de alteración, el material parental es indefinido, salvo que se acepte la sugerencia de Brewer y entones no cabe duda que la meteorización es parte de la formación del suelo, más aún, si se tiene en cuenta, que aún después de formado el suelo puede continuar la alteración de los minerales. Volviendo a la concepción de Dokoutchaiev, que sigue siendo aceptada en la actualidad, sobre la importancia del clima, organismos vivos, roca madre, relieve y tiempo, en la formación del suelo, cabe sin embargo hacer una puntualización. Estos factores son la causa última de la formación y evolución de los suelos; actuando simultáneamente, en muy diversas y numerosas combinaciones, según sus intensidades y características relativas, originan perfiles definidos por sus secuencias de horizontes y propiedades físicas, químicas y biológicas de cada uno de estos horizontes. Pero, las causas inmediatas del desarrollo de una sucesión particular de horizontes en el suelo, se
encuentran en realidad en los procesos físicos, químicos y biológicos que son operativos en ese perfil particular. Estos procesos dependen obviamente de los factores de formación, pero éstos establecen únicamente las condiciones en que aquellos van a actuar: los procesos son, en definitiva, los que “producen el perfil del suelo”.
Según los conceptos expuestos precedentemente, existen procesos simples o elementales, que se asocian para dar lugar a otros más complejos, los procesos tipogénicos. Los tipos de suelos que estos originan tienen una expresión geográfica regional y constituyen las grandes zonas de suelos del mundo, caracterizadas generalmente no sólo por sus suelos sino también por un clima y una vegetación propias.
Así, la zona de suelos negros, oscurecidos por la materia orgánica con alto porcentaje de cationes bivalentes (fundamentalmente calcio), coincide con el área bioclimática de la estepa. Algo similar ocurre en Francia donde los suelos Pardos Lixiviados (diferenciados) son característicos de bosques de hoja caduca de la zona húmeda.
Pero a su vez, dentro de estas zonas bioclimáticas junto a los suelos típicos, existen otros suelos, que difieren de aquellos en uno o más rasgos importantes, debido a la acción preponderante de algún factor local; roca madre de composición “extrema”, hidromorfismo muy acentuado, concentraciones elevadas de sales o álcalis.
En consecuencia el estudio de los procesos de formación del suelo puede analizarse a tres niveles, en el entendido de que esto no responde más que a la necesidad de facilitar o simplificar la exposición, sin que signifique una jerarquización de unos procesos en relación a otros:
1. Procesos generales de formación del suelo, también llamados simples o elementales, que son los que “prescindiendo de la intensidad variable y las modalidades particulares que pueden adoptar” alteran las rocas y minerales y originan el perfil del suelo con su secuencia de horizontes genéticos.
2. Procesos regionales de formación del suelo, también llamado tipogénicos (Gaucher, G., 1968), que no constituyen sino una asociación de procesos simples, caracterizada por la intensidad y modalidad particular que adopta cada componente elemental. Estos procesos producen los tipos o grandes grupos de suelos, que caracterizan las regiones principales de suelos del mundo, más o menos coincidentes con zonas bioclimáticas.
3. Procesos locales de formación del suelo, debidos a la acción predominante de un factor edafogenético local, que originan dentro de una región bioclimática, suelos que aún presentando numerosos caracteres en común con los suelos característicos del área, poseen algunas diferencias significativas con éstos. Son suelos, por ejemplo, mal drenados de las áreas deprimidas, o los suelos halomórficos desarrollados en condiciones que favorecen la acumulación de sales o álcalis. Todos estos suelos ocupan por lo común superficies restringidas dentro de la región donde aparecen.
De los tres procesos expuestos más arriba, en este texto se tratará únicamente el que corresponde a Procesos Generales de Formación del Suelo, los demás se tratarán en profundidad en otras publicaciones.
PROCESOS GENERALES DE FORMACION DEL SUELO
Crompton (1962) agrupa a los procesos de formación del suelo en cuatro grupos:
1. Meteorización
2. Translocación
3. Ciclo Orgánico
4. Erosión - Aporte Superficial
Wright y Bennema (1965), consideran que estos procesos pertenecen a tres regímenes:
1. Descomposición
2. Orgánico
3. Rejuvenecimiento
El primero, incluye los procesos de Meteorización y Translocación de Crompton, los otros dos corresponden al Ciclo Orgánico y a los procesos de Erosión - Aporte Superficial de Crompton. El enfoque de Wright y Bennema y el de Crompton son, pues, casi idénticos.
Gaucher, G. (1968) distingue por una parte, los Procesos Elementales y los Procesos Tipogénicos, y por otro distingue, dentro de la edafogénesis, dos tiempos: la formación y la evolución del suelo.
La formación del suelo incluye:
– Desintegración y descomposición de la roca madre (meteorización).
– Acumulación de materias minerales: aluvionamiento, coluvionamiento y aporte eólico.
– Acumulación de materia orgánica.
La evolución del suelo incluye:
– Migración de materias orgánicas y minerales tanto solubles como coloidales, descendentes o ascendentes.
– Acumulación de los productos de la migración, ya sea en un horizonte profundo (B o C) o en la superficie.
Tiempo atrás, Robinson (1960) hizo una sistematización de los procesos edafogenéticos bastante similar. Separó la meteorización, de la formación del suelo propiamente dicha, aunque señaló lúcidamente que “la iniciación del desarrollo del perfil
no detiene la meteorización, sino que los dos procesos pueden ser simultáneos”. Puntualizó además que “los procesos de meteorización sólo cesan cuando el suelo cesa de contener minerales meteorizables” y que “en muchos suelos rocosos superficiales la formación del suelo comienza con la meteorización”. Dentro de los procesos de desarrollo del perfil, el mismo autor incluyó la acumulación de materia orgánica y los fenómenos de eluviación (lavado de sustancias desde los horizontes superiores hacia los inferiores del perfil) e iluviación (acumulación de dichas sustancias). Aún distinguió eluviación mecánica que afecta a la arcilla, y eluviación química, en la que estableció un orden de migración para los distintos compuestos: sales solubles y medianamente solubles, bases intercambiables, sesquióxidos de hierro y aluminio, materia orgánica y sílice. Aunque Robinson no los llamó expresamente procesos simples o elementales, parece evidente no obstante que los consideró como tales y que los procesos complejos o tipogénicos eran los que daban origen a los “grupos” de suelos. De acuerdo a lo expuesto por Crompton, Wright y Bennema, Robinson y Gaucher, los procesos elementales de formación del perfil del suelo son los siguientes:
1. Meteorización de las rocas y minerales.
2. Acumulación y evolución de la materia orgánica.
3. Translocación de compuestos solubles o coloidales en el perfil.
4. Rejuvenecimiento del suelo (aporte de material fresco) por distintas vas.
A estos se les podría agregar al desarrollo de la estructura del suelo, reconocido expresamente por Brewer (1964), como proceso de formación del suelo.
OTROS PROCESOS GENERALES DE FORMACION DEL SUELO
Aparte de la meteorización, existen otros procesos generales de formación del suelo que ya fueron enumerados precedentemente y que serán considerados a lo largo del curso según se indica a continuación.
La acumulación y evolución de la materia orgánica se considera más adelante, junto a la identificación y caracterización de los diferentes tipos de humus del suelo y de los compuestos orgánicos que los integran.
El desarrollo de la estructura del suelo se tratar en el capítulo dedicado a propiedades físicas de los suelos.
Finalmente, la translocación de compuestos solubles o coloidales en el perfil y el rejuvenecimiento del suelo se considerarán al analizar los factores y procesos de la formación del suelo.

Extractado de Durán et al. 1997. Código 420. Facultad de Agronomía

CARACTERISTICAS FISICAS, QUIMICAS Y BIOLOGICAS DE LOS SUELOS

CARACTERÍSTICAS FÍSICAS DEL SUELO
Un sistema heterogéneo y disperso
En un primer acercamiento, la respuesta a esta pregunta depende de las experiencias personales, sin embargo, el conocimiento de sus propiedades nos permite dar una respuesta más adecuada a la pregunta. Así desde el punto de vista de la física de suelos, en general, el suelo es un sistema de gran complejidad, heterogéneo, disperso y puede ser tetrafásico (sólido, líquido, gaseoso y coloidal, dependiendo de la proporción y la composición de sus constituyentes), que muestra gran dinamismo determinado por los efectos que provocan agentes como la luz solar, la presión, el agua, los componentes solubles y los organismos. Para fines prácticos, se considera que en un buen suelo el 50 % corresponde a la fase sólida, del 15 al 35 % a la fase líquida y del 15 al 35 % a la fase gaseosa. Las variaciones de la composición en las fases líquida y gaseosa dependen de la cantidad de agua presente.
El suelo es un sistema heterogéneo muy complejo debido a sus múltiples componentes y a las reacciones físicas, químicas, biológicas y mineralógicas que ocurren entre ellos, que son las que determinan la productividad del suelo. Cualquier porción de suelo constituye un sistema heterogéneo compuesto de materia mineral y orgánica en diferentes proporciones que puede formar diferentes fases como son: sólida, líquida, gaseosa y coloidal, las que se presentan dependiendo de la cantidad y tipo de componentes presentes. Las interrelaciones entre sus fases dependen de sus respectivas propiedades y además de factores como la temperatura, la luz, la presión, el agua, los solutos y los organismos.
La fase sólida es la predominante en el suelo y está constituida por los productos del proceso de intemperización de la roca madre, contiene minerales (principalmente óxidos de silicio, aluminio y fierro) y materia orgánica (organismos vivos en gran actividad química y biológica, y organismos muertos en diferente etapa de descomposición). La parte mineral está formada por partículas de diferentes tamaños, formas y composiciones químicas.
La fase líquida es una solución acuosa de composición química variable (constituida por varios componentes químicos solubles en agua) que llena parte o la totalidad de los espacios (poros) que forman las partículas sólidas de suelo y es por donde se mueve la solución. La solución acuosa es el medio de dispersión que envuelve a las partículas individuales de suelo y tiende a llenar los poros entre las partículas sólidas de suelo. La fase líquida del suelo está formada por la solución del suelo que proporciona los nutrientes a las plantas y es el medio en el que se llevan a cabo la mayoría de las reacciones químicas del suelo.
La fase de vapor o gaseosa está formada principalmente por aire y vapor de agua, ocupa los poros del suelo que no están ocupados por la fase acuosa y tiene una composición que puede variar en intervalos de tiempo cortos.
La fase coloidal se presenta dependiendo de la cantidad de arcilla, limo y agua presentes en el suelo. La fase coloidal puede formar dispersiones o estados de agregación llamados gránulos. El tamaño de las partículas coloidales varía entre 10-5 y 10-7 mm de diámetro promedio (su tamaño es 10 a 100 veces mayor que las moléculas, átomos y iones).
Los fenómenos de superficie que se presentan entre las partículas de suelo dependen de la naturaleza y propiedades físicas y químicas de la superficie de las partículas que a su vez dependen de la meteorización y de su composición química y mineralógica.
El suelo está formado por partículas individuales dispersas o partículas primarias conocidas como unidades texturales que se encuentran totalmente dispersas y por partículas secundarias o agregados (grupos de partículas primarias) conocidas como unidades estructurales. El tamaño de las partículas varía desde los límites más pequeños de la fase coloidal hasta las fracciones más grandes de arena y grava.
Constituyentes orgánicos del suelo.
Los principales compuestos orgánicos del suelo son la celulosa, hemicelulosa, pectinas, almidón, grasas y compuestos de lignina. Las propiedades físicas del suelo como la estructura, la penetración, la retención del agua y la composición dependen en gran medida del contenido de materia orgánica, ya que la descomposición de la materia orgánica produce gomas, resinas y compuestos urónicos que sirven de agentes que unen a las partículas del suelo para formar agregados. La materia orgánica, junto con la arcilla, tiene muchas propiedades coloidales que son valiosas para el suelo, es un regulador coloidal que aglutina suelos arenosos para formar agregados y afloja a los suelos arcillosos macizos para que se formen agregados convenientes.
La materia orgánica tiene una gran capacidad de intercambio por lo que participa en las reacciones químicas de intercambio de aniones y cationes, es un regulador coloidal que aglutina los suelos arenosos para formar agregados y afloja los suelos arcillosos macizos formando agregados adecuados. Por lo general, mejora las características de la retención del agua y, al mismo tiempo, mejora las condiciones de infiltración y drenaje del suelo. Los suelos ricos en humus también favorecen las condiciones de aireación y evitan su compactación, tienden a permanecer sueltos y porosos.
Constituyentes inorgánicos del suelo.
Las arcillas están constituidas principalmente por minerales cristalinos claros y diversas cantidades de material no cristalino. Los principales elementos químicos constituyentes de las arcillas son átomos de silicio, aluminio, fierro, magnesio, hidrógeno y oxígeno. Las arcillas contienen principalmente los siguientes componentes: SiO2, Al2O3, Fe2O3, y H2O y cantidades variables de otros óxidos como: TiO2, CaO, MgO, MnO, K2O, Na2O y P2O5, más los grupos hidroxilos
PROPIEDADES QUÍMICAS DEL SUELO
2.1. DEFINICIÓN
Corresponden fundamentalmente a los contenidos de diferentes sustancias importantes como micro
nutrientes (N,P, Ca, Mg,K,S) y micro nutrientes (Fe, Mn,Co,2n;B,MO,Cl) para las plantas o por dotar al suelo de diferentes características (Carbono orgánico, carbono calcico, fe en diferentes estados)
· Son aquellas que nos permiten reconocer ciertas cualidades del suelo cuando se provocan cambios químicos o reacciones que alteran la composición y acción de los mismos. Las principales son:
La materia orgánica
· La fertilidad
· La acidez−alcalinidad
3. MATERIA ORGÁNICA
Son los residuos de plantas y animales descompuestos, da al suelo algunos alimentos que las plantas necesitan para su crecimiento y producción, mejora las condiciones del suelo para un buen desarrollo de los cultivos.
De la materia orgánica depende la buena constitución de los suelos un suelo de consistencia demasiada suelta
(Suelo arenoso) se puede mejorar haciendo aplicaciones de materia orgánica (Compost), asi mismo un suelo demasiado pesado (suelo arcilloso) se mejora haciéndolo mas suave y liviano mediante aplicación de materia orgánica.
3.1. EFECTOS DE LA MATERIA ORGÁNICA
· Le da granulación a la tierra haciéndola más porosa, Impermeable y fácil de trabajar.
Hace que los suelos de color claro se vuelvan oscuras y por lo tanto absorban una cantidad mayor de radiaciones solares.
· Defiende los suelos contra la erosión porque evita la dispersión de las partículas minerales, tales como limas, arcilla y arenas.

· Mejora la aireación o circulación del aire en el suelo por eso el suelo organico se llama Suelo vivo
· Ayuda al suelo a almacenar alimentos para las plantas

4. FERTILIDAD
Es una propiedad que se refiere a la cantidad de alimentos que pasean es decir, a la cantidad de nutrientes.
Cada uno de los nutrientes cumple sus funciones a saber
4.1. NITROGENO (N)
· Ayuda al desarrollo de las plantas
· Da al follaje n color verde
· Ayuda a que se introduzcan buenas cosechas
· Es el elemento químico principal para la formación de las proteinas
4.2. FOSFORO (P)
· Ayuda al buen crecimiento de las plantas
· Forma raíces fuertes y abundantes
· Contribuye a la formación y maduración de los frutos.
· Indispensable en la formación de semillas.
4.3. POTASIO (K)
· Ayuda a la planta a la formación de tallos fuertes y vigorosos.
· Ayuda a la formación de azucares almidones y aceites.
· Protege a las plantas de enfermedades.
· Mejora a la calidad de las cosechas.
4.4. CALCIO (Ca)
· Ayuda al crecimiento de la raíz y el tallo de la planta
· Permite que la planta tome fácilmente los alimentos del suelo.
4.5. MAGNESIO (Mg)
· Ayuda a la formación de aceites y grasas
· Es el elemento principal en la formación de clorofila, sin la cual la planta no puede formar azucares.
Un suelo fértil es aquel que contiene los elementos nutritivos que las plantas necesitan para su alimentación, estos alimentos los adquiere el suelo enriqueciéndolos con materia orgánica.
Un suelo pobre o carente de materia orgánica es un suelo estéril y por lo tanto es improductivo.
5. ACIDEZ −ALCALINIDAD
En general las sustancias pueden ser acidos, alcalinas y neutros.
Químicamente sabemos que una sustancia es acida porque hace cambiar a rojo el papel tornasol azul; sabemos que es alcalina o basica, porque hace cambiar a azul el papel tornasol rojo. Sabemos también que una sustancia es neutra porque no hace cambiar ninguno de los indicados.
Durante el proceso de humificación o sea de putrefacción del mantillo o materia orgánica para convertirse en humus, intervienen las bacterias y los hongos en cuyo trabajo van elaborando sustancias ácidas, por esto las tierras negras y polvorosas generalmente son ácidas, pero para contrarrestar su acidez, los agricultores aplican cal, que en contacto con el agua forman sustancias alcalinas.
En general los suelos ácidos son los menos productivos por su acidez se puede corregir haciendo
encalamiento.
5.1. P.H:
La acidez del suelo mide la concentración en hidrogeniones (H+), en el suelo los hidrogeniones están en la Solución, pero también existen en el complejo de cambio.
5.2. SALINIDAD DEL SUELO
Es la consecuencia de la presencia de sales en el suelo, más solubles que el yeso. Por sus propias características se encuentran tanto en la fase sólida como en la fase liquida por lo que tiene una extraordinaria movilidad.
La salinización natural del suelo es un fenómeno asociado a condiciones climáticas de aridez y a la presencia de materiales originales ricos en sales, como sucede con ciertas morgas y molasas. No obstante existe una salinidad adquirida por el riego prolongado con aguas de elevado contenido salino, en suelos de baja permeabilidad y bajo climas secos subhúmedos y más secos.
La salinidad no siempre tiene que ir asociada a un pH alcalino, sino que cuando se alcanzan valores muy ácidos se produce la solubilización de sales alumínicas que pueden generar una elevada conductividad con un riesgo añadido, la presencia de aluminio soluble en cantidades suficientes para ser tóxico para la mayoría de las plantas. Por ello cuando el pH baja de 3.5 se consideran salinos los suelos con conductividad superior a 8
dS/m, como en el caso de la alcalinidad.
La recuperación de los suelos salinos puede efectuarse por un lavado de mismo por inundación con aguas libres de sales, siempre que exista calcio suficiente en la solución para mantener floculadas las arcillas y permitir una permeabilidad aceptable. No obstante es conveniente la instalación de un sistema de drenaje artificial, mediante la instalación de tubos porosos bajo el suelo o, al menos, bajo la zona de enraizamiento de las plantas, como puede apreciarse en la figura de la izquierda.
Para asegurarse de la eliminación de las aguas cargadas de sales se debe instalar una red de evacuación del líquido procedente de los tubos de drenaje, como se aprecia en la figura de la derecha. Deben colocarse con la suficiente pendiente para que el agua no permanezca demasiado tiempo en dicha red y sea absorbida por el suelo.
Los colectores principales son los encargados de eliminar las sales de la zona que se está recuperando, en ellos se produce una fuerte concentración de las sales por efecto de la evaporación del agua, siempre intensa al tratarse de zonas secas con escasa humedad ambiental. Debe procurarse un flujo rápido hacia el canal principal.
Por último las aguas debes ser evacuadas hacia un curso de agua cuyo caudal sea suficiente para diluir las sales aportadas y no transferir el problema a las zonas vecinas.
Muchas de estas zonas salinizadas se encuentran en áreas deltaicas por lo que el drenaje puede hacerse directamente al mar, que es la mejor manera de no salinizar otras zonas.
Cuando la salinidad va acompañada de sodicidad, la alcalinización producida por el sodio favorece la dispersión de la arcilla, su movilización y la impermeabilización del suelo. Todo ello dificulta el lavado hasta que no se lleva a cabo una eliminación del sodio.
El sodio abundante de la solución hace que el complejo de cambio del suelo se encuentre saturado o semisaturado por este elemento; por este motivo la primera acción a tomar es desorberlo del complejo de cambio para que pueda ser eliminado por arrastre de la solución del suelo con el agua añadida. El desplazamiento del sodio del complejo solo puede hacerse mediante su intercambio con otro catión, siendo de elección el calcio por su mayor capacidad de ser adsorbido y por ser un elemento inocuo. Ya observamos esta acción del calcio a la hora de elevar el pH, de modo que males opuestos se combaten con el mismo remedio
Propiedades biologicas
El suelo se define como la capa superficial de la corteza terrestre, formada por un grupo de elementos, que le proporciona a las plantas sostén, almacenamiento de nutrientes, agua, aire y microorganismos, los cuales unidos permiten el desarrollo normal de las plantas.
La materia orgánica es formada por la descomposición de residuos de origen de vegetal y animal, es importante para el suelo por ser fuente de elementos nutritivos para las plantas, disminuye la erosión y mejora las propiedades físicas del suelo.
El humus es el resultado de la descomposición de la materia orgánica que se encuentra en el suelo y procede de restos vegetales y animales muertos. Al descomponerse en humus, los residuos vegetales se convierten en formas estables que se almacenan en el suelo y pueden ser utilizados como alimento por las plantas. La cantidad de humus afecta también a las propiedades físicas del suelo tan importantes como su estructura, color, textura y capacidad de retención de la humedad. El desarrollo ideal de los cultivos depende del contenido en humus del suelo. El humus se agota por la sucesión de cosechas, y el equilibrio orgánico se restaura añadiendo humus al suelo en forma de abono orgánico.
Del suelo se requiere que tenga buena disponibilidad de nutrientes para las plantas, posea buena capacidad de retención de agua, tenga buena aireación y permita un buen desarrollo de la raíz. Por tal motivo se requiere que el suelo posea bunas propiedades químicas (contenido de nutrientes), físicas y biológicas.
Un suelo con buenas propiedades físicas se caracteriza por tener una buena aireación, un buen drenaje, una buena textura, buena consistencia y un color oscuro (indica alto contenido de materia orgánica). Un suelo con malas propiedades físicas es muy difícil y costoso mejorarlo, en cambio un suelo con malas propiedades químicas es más fácil solucionarlo, simplemente agregándole los nutrientes que necesita.
Las propiedades biológicas del suelo son muy importantes, ya que esta constituida por la microfauna del suelo, como hongos, bacterias, nematodos, insectos y lombrices, los cuales mejoran las condiciones del suelo acelerando la descomposición y mineralización de la materia orgánica, además que entre ellos ocurren procesos de antagonismo o sinergia que permite un balance entre poblaciones dañinas y benéficas que disminuyen los ataques de plagas a las plantas.

http://wikipedia/.

CLASIFICACION DE LOS SUELOS SEGUN SU CAPACIDAD DE USO

La clasificación de los suelos según su capacidad de uso es un ordenamiento sistemático de carácter práctico e interpretativo, fundamentado en la aptitud natural que presenta el suelo para producir constantemente bajo tratamiento continuo y usos específicos. Este ordenamiento proporciona una información básica que muestra la problemática de los suelos bajo los aspectos de limitaciones de uso, necesidades y prácticas de manejo que requieren y también suministra elementos de juicio necesarios para la formulación y programación de planes integrales de desarrollo agrícola.
El sistema de clasificación está basado en las Normas y Principios del Servicio de Conservación de Suelos en los Estados Unidos de América, pero adecuado a los patrones edáficos, climáticos y topofisiográficos existentes en el área reconocida.
El esquema básico de agrupación comprende los siguientes niveles o categorías sistemáticas.
- Divisiones o grupos de capacidad.
- Clases de capacidad de uso.
- Subclases de capacidad de uso.
Las divisiones o grupos de capacidad son cuatro y constituyen la más alta categoría del sistema. Estas son: a) Tierras apropiadas para cultivos intensivos y otros usos; b) Tierras apropiadas para cultivos permanentes, pastos y aprovechamiento forestal; c) Tierras marginales para uso agropecuario, aptas generalmente para el aprovechamiento forestal; d) Tierras no apropiadas para fines agropecuarios ni explotación forestal.
Las divisiones o grupos de capacidad comprenden categorías menores de clasificación, que son las clases de capacidad. Estas se diferencian unas de otras por el grado de limitaciones permanentes o riesgos que involucra el uso de los suelos.
El primer grupo comprende cuatro clases de capacidad, que van de la Clase I a la Clase IV. La Clase I es considerada la mejor y se supone que carece prácticamente de limitaciones, las cuales aumentan de la I a la IV.
El segundo grupo está integrado por las Clases V y VI, y sus limitaciones aumentan progresivamente de la V a la VI.
El tercer grupo consta solo de la Clase VII y agrupa suelos apropiados generalmente para la explotación forestal. Por último, el cuarto grupo consta solo de la Clase VIII y presenta tales limitaciones que son inapropiadas para fines agropecuarios o de explotación forestal.
Las clases de capacidad de uso comprenden las subclases de capacidad, las cuales están determinadas de acuerdo con la naturaleza de las limitaciones que impone el uso del suelo y están en función de los siguientes factores:
- Condición del suelo.- Riesgos de erosión.- Condición de drenaje.- Peligros de inundación.
Las limitaciones por condición de suelo se designan con el subíndice "s" y están principalmente relacionadas con las características edáficas, como textura, estructura, compactación del perfil, profundidad, gravosidad, pedregosidad, rocosidad, características químicas, etc.
Las limitaciones por riesgos de erosión se simbolizan con el subíndice "e" y están vinculadas principalmente a las características topográficas, permeabilidad, escorrentía superficial, cubierta vegetal y pluviosidad.
Las limitaciones por condición de drenaje o humedad están representadas por el subíndice "w" y determinan la dificultad del movimiento del agua a través del suelo.
Por último, el peligro de inundación está relacionado con las inundaciones periódicas o eventuales que ocasionan los ríos en creciente y está representado por el subíndice "i".
Los suelos identificados y descritos han sido agrupados en las Clases II, III, IV, V, VI, VII y VIII. La Clase I no ha sido identificada.
Cada clase de capacidad de uso identificada con sus respectivas subclases ha sido caracterizada en forma generalizada, presentando en su descripción las características y propiedades propias de los suelos en el momento de ser examinados y que guardan relación con su utilización agrícola. Además se mencionan los suelos incluidos, las limitaciones principales, las prácticas de control y los cultivos adaptables.
El Cuadro A-4 indica la extensión y porcentaje aproximado de las clases y subclases de capacidad de uso.
A.4.1 Tierras aptas para cultivos intensivos y otros usos
A.4.1.1 Clase IIA.4.1.2 Clase IIIA.4.1.3 Clase IV
Este grupo cubre un área de 116 381 hectáreas que equivale al 6.9% de la superficie estudiada, y en él se incluyen todas las tierras generalmente arables y adecuadas para cultivos intensivos y permanentes.
Dentro de este grupo de capacidad se han reconocido las Clases II, III y IV, las cuales se describen a continuación con la identificación de sus respectivas subclases.
A.4.1.1 Clase II
Esta clase ocupa gran parte de las tierras aluviales extendidas en forma de angostas fajas sobre las márgenes de los ríos Sambú, Balsas y algunos tributarios del río Chucunaque, y aparecen asociadas con las de la Clase III. Cubren una superficie de 11 608 hectáreas, o sea el 0.7% del total de la provincia.
Los suelos son generalmente profundos, de textura franco a franco limosa, de topografía plana, bien drenados, retentivos al agua y de buena capacidad para el suministro de nutrientes vegetales. Presentan mediana fertilidad natural y generalmente buena capacidad productiva, siempre que se les provea en forma continuada de apropiados tratamientos agrícolas. Las pocas limitaciones hacen que requieran prácticas simples de manejo y de conservación de suelos para prevenir su deterioro o para mejorar las relaciones agua-aire cuando son cultivados en forma continua e intensiva. Las mayores limitaciones que presentan están vinculadas al proceso erosivo lateral que ocasionan las aguas de los ríos en creciente ya ligeros riesgos de inundaciones ocasionales.
El manejo de estas tierras debe estar encaminado a la incorporación de material orgánico, como residuos de cosechas, compost, abonos verdes, fertilizantes nitrogenados de tipo orgánico o mineral en dosis adecuadas a las necesidades de los cultivos adaptados y establecidos de acuerdo con un programa racional de abonamiento; a la rotación de cultivos con inclusión de una leguminosa; a cultivos de cobertura con el fin de preservar la humedad del suelo; al control de la erosión lateral mediante la implantación de especies de raíces profundas y de amplia expansión radicular. Bajo este aspecto resultaría interesante fomentar la plantación de bambúceas en las orillas de los ríos, pues además de su función de protección contra la erosión y las inundaciones tendrían la posibilidad de uña buena fuente de producción de material para la construcción de viviendas rústicas y de artesanía.

Esta clase comprende solamente la subclase IIi, e incluye suelos aluviales recientes clasificados como Tropofluvent; dichos suelos están sujetos a ligeros riesgos derivados de las inundaciones ocasionales producidas por las crecientes excepcionales de los ríos de la zona.
En términos generales, son tierras buenas, arables, aptas para cultivos agronómicos intensivos adaptados al lugar, como maíz, arroz, hortalizas, yuca, maní, sandía y legumbres, pero también podrían implantarse especies permanentes, principalmente frutales tropicales, banano, plátano, pastos, etc.
A.4.1.2 Clase III
Estas tierras de la clase III se distribuyen asociadas con las de las Clases II, IV y V. Ocupan áreas de topografía plana a ligeramente ondulada situadas a lo largo del curso medio del río Tuira, Valle del Chucunaque, principalmente entre los ríos Tupiza y Membrillo, así como en sectores adyacentes a la Carretera Panamericana, próximos a las quebradas de Hinostroza, Lara y Oso. En forma dispersa se encuentran en la zona de Garachiné, Punta Alegre, Patino y río Congo. Se estima que cubren una extensión de 76 079 hectáreas que equivalen al 4.5% de la superficie total de la provincia.
Las restricciones de uso son mayores que para la Clase II cuando se utilizan para cultivos agronómicos, y por lo tanto las prácticas de manejo y conservación son más intensas y difíciles de aplicar y de mantener. Esta clase incluye suelos moderadamente profundos a profundos, de drenaje bueno a imperfecto, con subsuelo de textura arenosa, franco arcillosa y arcillosa, de reacción muy fuertemente ácida a neutra y de fertilidad natural baja a media. En general son deficientes en fósforo y algunos en potasio. Esta dase comprende las siguientes subclases: IIIi, IIIe, IIIes y IIIesw.
i. Subclase IIIi
La subclase IIIi incluye suelos aluviales recientes (Tropofluvent), planos, profundos, de textura arenosa a franco arcillosa, de reacción moderadamente ácida a neutra y de fertilidad natural moderada.
Los problemas de manejo están relacionados básicamente con las inundaciones periódicas ligeras en época de creciente, y además se observa cierta dificultad del movimiento del agua a través del suelo, lo que se manifiesta por la existencia de moteaduras en el perfil.
Otro factor que no deja de tener importancia es la presencia de la napa freática en casi todos los casos observados, cuya dinámica, que guarda relación estrecha con la variación del caudal del río, reduce en alguna forma la profundidad efectiva del suelo ya que comúnmente se encuentra entre 100 y 130 cm de la superficie. Además, los suelos absorbentes que existen en algunos sectores pueden provocar ciertos trastornos a los cultivos por deficiencia hídrica, principalmente en la época de ausencia relativa de lluvia, o sea que no son suelos aptos para almacenar humedad.
Otro problema que atenta contra la integridad física de estos suelos es la erosión lateral que ocasiona considerables dislocamientos de volúmenes de tierra por efecto de las crecientes o desbordamientos de los ríos en la época lluviosa.
En líneas generales, las prácticas de manejo especificadas para la Clase II son aplicables para estos suelos, construyendo además pequeñas obras de avenamiento para la evacuación de las aguas de lluvia o de inundación, las cuales se empozan en sectores ligeramente depresionados. La utilización de estas tierras está orientada al cultivo de especies agronómicas de corto período vegetativo cuyo ciclo de desarrollo no coincida con las crecientes periódicas o estacionales, tales como arroz, maíz, legumbres y hortalizas. El plátano y el banano encuentran condiciones muy favorables para su crecimiento y producción, ya que las inundaciones son de corta duración y poca intensidad y los frutales podrían sufrir efectos de la influencia de la napa freática.
ii. Subclase IIIe
Agrupa suelos ligeramente inclinados, moderadamente profundos a profundos, franco arcillosos, a veces arcillosos muy porosos y muy friables, y tienen una alta capacidad de retención hídrica. Químicamente son de reacción fuertemente ácida a ligeramente ácida, con proporciones bajas a moderadas en fósforo y potasio; la dotación de calcio y magnesio es equilibrada.
Las limitaciones de uso están ligadas estrictamente con la pendiente ligeramente inclinada, con lo cual los suelos quedan expuestos al peligro de la erosión hídrica. Las unidades edáficas que forman esta subclase son los suelos pertenecientes a los Tropudalf, Paleudalf y Paleudol.
iii. Subclase IIIes
Son suelos de topografía ligeramente inclinada, profundos, porosos y muy friables. Las limitaciones de uso están dadas por su naturaleza química, y la reacción es por lo general fuertemente ácida a muy fuertemente ácida y con presencia de niveles de aluminio cambiable, probablemente tóxico para determinadas especies agronómicas. Presentan una fertilidad natural baja y son deficitarios en elementos nutricionales. Las principales áreas con estas limitaciones se encuentran en la margen izquierda del río Chucunaque, entre sus afluentes Tupiza y Membrillo. Los suelos incluidos pertenecen al Grande Grupo Haplortox.
iv. Subclase IIIesw
Los suelos que forman esta subclase son predominantemente arcillosos, de topografía ligeramente inclinada, superficiales a moderadamente profundos. Estos suelos tienen una reacción fuertemente ácida a medianamente ácida y por lo general son de fertilidad moderada.
El problema fundamental, aparte del peligro de erosión hídrica, es la pobre estructuración y el alto contenido de arcillas plásticas del tipo montmorillonítico, que se tornan muy plásticos y pegajosos cuando están húmedos y muy duros y compactos cuando se secan, dando lugar a cuarteaduras o agrietamientos de tamaños variables. Esta característica crea problemas en el laboreo del terreno y le infieren un drenaje interno restringido. Esta subclase está formada por los suelos Cromustert Udico.
En términos generales, los sistemas de manejo y conservación para los suelos de las subclases IIIe, IIIes y IIIesw deben concentrarse en la aplicación de prácticas para el control de la erosión, como surcos en contorno, cultivos en fajas y terrazas; en el incremento de la fertilidad mediante un programa especial en el cual se debe tener en cuenta la naturaleza del suelo y los requerimientos de los cultivos, la incorporación de correctivos sólo en casos económicamente justificables, la adición de material orgánico y la inclusión de leguminosas dentro de un plan de rotación de cultivos. Estas prácticas serán complementadas para el caso de los suelos de la subclase IIIesw con araduras adecuadas y buena roturación de la capa superficial, coincidiendo necesariamente con un porcentaje de humedad adecuado; además se requieren trabajos de drenaje, principalmente en las áreas casi niveladas para evacuar las aguas de lluvia que quedan empozadas.
Estas tierras pueden ser apropiadas para maíz, arroz, cítricos, sandía, zapallo, caña de azúcar, ñame, pina, maracuyá, frutales y forestales.
A.4.1.3 Clase IV
Estas tierras se distribuyen asociadas con los terrenos de la Clase III, V y VI, y aparecen en pequeños núcleos aislados en el sector de Garachiné, Punta Alegre y Valle del Chucunaque. Se estima que cubren alrededor de 28 694 hectáreas o sea el 1.7% de la superficie total de la provincia.
Los suelos que comprende esta clase por lo general son tierras marginales para una agricultura anual e intensiva debido a mayores restricciones o limitaciones de uso. Requieren prácticas de manejo y conservación de suelos más cuidadosos e intensivos para lograr producciones moderadas a óptimas en forma continua. La topografía se presenta en tierras con pendientes inclinadas y complejas de moderada o baja fertilidad natural, de buen drenaje, de textura franco arcillosa a arcillosa; en la mayoría de los casos son moderadamente profundos. Esta clase comprende las subclases IVe y IVes.
i. Subclase IVe
Las tierras de esta subclase son porosas, muy friables y tienen una buena capacidad de almacenamiento hídrico; mediante un trabajo agrícola adecuado podría mantenerse el equilibrio hídrico en buenas condiciones, principalmente en la época de relativa sequía. Las limitaciones de uso están relacionadas básicamente con la naturaleza de la topografía inclinada, que les infiere serios riesgos de erosión hídrica. Los suelos incluidos en esta subclase pertenecen a los Paleudol, Tropudalf y Paleudalf.
ii. Subclase IVes
Al igual que los de la subclase IVe presentan buenas características hidrodinámicas, pero en cambio se encuentran afectados por una reacción fuerte a muy fuertemente ácida que no les favorece con una mayor disponibilidad de elementos nutricionales; por lo tanto, su fertilidad natural es baja. A esto se agregan los peligros por erosión pluvial debido a su topografía inclinada.
Los suelos incluidos en esta subclase pertenecen al Grande Grupo Haplortox. En general, el manejo de estas tierras agrícolas deben orientarse al mejoramiento de las condiciones de fertilidad e incremento de la capacidad productiva, como mejoras orgánicas; aplicación de programas de fertilización basados principalmente en nitrógeno, fósforo y potasio; cultivos de cobertura; araduras, teniendo presente la profundidad efectiva; surcos en contorno y terrazas, y quizás la incorporación de correctivos en los suelos fuertemente ácidos siempre y cuando se trate de implantar cultivos muy sensibles y altamente rentables.
Dada la topografía de los terrenos, de pendiente inclinada, resultaría conveniente utilizarlos más bien para pastos mejorados y desarrollo de una ganadería semiintensiva. También podrían ser adecuados para explotaciones de carácter permanente, o de ciertos cultivos anuales como yuca, ñame, maíz y frijoles. Entre los cultivos permanentes pueden indicarse el mango, el marañón, el mangostín, la pina y otros frutales tropicales nativos.
A.4.2 Tierras aptas para cultivos permanentes, pastos y aprovechamiento forestal
A.4.2.1 Clase VA.4.2.2 Clase VI
Este grupo de uso, formado por las clases de capacidad V y VI incluye tierras que por lo general no son adecuadas para cultivos intensivos, aunque lo serían para cultivos agronómicos permanentes, pastoreo y actividad forestal. Se estima que cubren 435 902 hectáreas o sea el 25.9% de la superficie total del Darién.
A.4.2.1 Clase V
Se distribuyen asociadas con las tierras de las Clases III y IV y ocupan áreas casi planas a ligeramente depresionadas en el valle del Chucunaque y el río Tuira, en el tramo comprendido entre El Real y el río Capeti. Cubren una superficie de 42 205 hectáreas o sea el 2.5% de la superficie total evaluada. Son suelos de topografía bastante homogénea, sin mayores declives y por tanto no erosionables, pero con ciertas características físicas que los hacen más apropiados para la vegetación permanente y para el desarrollo de actividades pecuarias. Las mayores limitaciones de uso en esta dase de suelos radican en el factor drenaje (imperfectamente a pobremente drenados), y en el factor edáfico (arcillosos, reacción muy fuerte a fuertemente ácida y deficientes principalmente en fósforo).
Estos suelos son muy susceptibles a las inundaciones. Se han reconocido únicamente dos subclases, que son la Vsw y la Vswi.
i. Subclase Vsw
Los problemas de uso están íntimamente ligados a las condiciones de drenaje; a la naturaleza arcillosa de los perfiles, que dificulta el movimiento del agua a través del suelo, y a la existencia en algunos perfiles de tenores moderados de aluminio cambiable.
El drenaje deficiente se manifiesta a través del empozamiento de las aguas de lluvia y a la presencia de una napa freática fluctuante a poca profundidad del suelo, que a veces suele encontrarse a escasos centímetros de la superficie.
ii. Subclase Vswi
Aparte de las limitaciones enunciadas en la subclase Vsw, deben agregarse problemas originados por inundación fluvial.
Entre las prácticas de mejoramiento y control apropiado para los suelos de estas subclases pueden indicarse los siguientes: Introducción de pastos seleccionados y mejoramiento de pastos actuales y nativos; división de los campos en potreros a fin de establecer un pastoreo rotativo, control del número de animales y desarrollo de una cubierta adecuada permanente, evitando el pastoreo en épocas muy húmedas. En el caso de la implantación de cultivos intensivos, es necesario construir drenajes con el fin de mejorar las relaciones de suelo-aire y finalmente controlar las inundaciones mediante obras de defensa enmarcadas de acuerdo con las características de los ríos de la zona. En estas tierras el arroz encuentra condiciones muy favorables para su desarrollo. Las tierras de estas subclases pertenecen al Grande Grupo Tropacuept.
A.4.2.2 Clase VI
Ocupa una vasta extensión, principalmente en el valle ondulado y colinado del río Chucunaque, aunque también aparece en menor escala en el curso medio de los ríos Balsas, Tuira y Sambú, y en otros sectores en pequeños núcleos a veces asociados con tierras de la Clase IV. Los suelos que comprende esta clase presentan limitaciones severas que los hacen generalmente inapropiados para llevar a cabo, en forma normal, cultivos de carácter intensivo. Los problemas o deficiencias más importantes que presentan están vinculados estrechamente a condiciones edáficas como profundidad efectiva limitada, presencia de grava, fertilidad natural generalmente baja, y a características topográficas desfavorables y por consiguiente a susceptibilidad a la erosión.
La Clase VI cubre una superficie aproximada de 393 697 hectáreas o sea el 23.2% del área territorial de la provincia.
En esta dase sólo se ha reconocido la subclase VIes.
i. Subclase VIes
Son tierras con problemas de pendientes complejas y pronunciadas y de poca profundidad efectiva, y se encuentran afectadas por un fuerte escurrimiento superficial y un elevado potencial hidroerosivo. Si la cubierta vegetal fuera eliminada por cultivos impropios, sobre pastoreo, tala y quema, el fenómeno que aparecería sería la disminución vertiginosa de las escasas reservas nutricionales y la capacidad productiva de los suelos, sobreviniendo el empobrecimiento prematuro del recurso y el arrastre de grandes masas de tierras por acción de la erosión pluvial.
La capacidad productiva de esta clase de tierras puede ser mantenida y mejorada mediante la fijación de cultivos exclusivamente de carácter permanente (mango, mangostín, palma aceitera, cocotero, piña, nance, marañón, maracuyá, cítricos, ciruelo y otros frutales nativos), y la aplicación de prácticas de conservación en base a cultivos de cobertura, plantaciones en curvas a nivel y al tres bolillos, y quizás también con terrazas del tipo escalonado. Las áreas que puedan dedicarse a la explotación ganadera requerirán prácticas consistentes en el control del número de animales por hectárea evitando el sobrepastoreo. Además, se deberá establecer un programa de abonamiento, tanto mineral como orgánico, que completaría el cuadro de manejo para este tipo de tierras. Estos suelos pertenecen a los siguientes Grandes Grupos: Hapludol, Eutropept, Distropept, Cromustert Udico, Tropudult y Plintudalf.
A.4.3 Tierras marginales para uso agropecuario
Comprenden la Clase VII, que agrupa a las tierras inapropiadas para uso agropecuario y que están relegadas para propósitos de explotación de recursos forestales. Cubre una superficie de 596 094 hectáreas o sea el equivalente al 35.6% del área evaluada.
Se localizan principalmente en áreas muy empinadas y muy a menudo asociadas con tierras de la Clase VIII, con topografía abrupta y pendientes extremadamente empinadas. Se extienden sobre las laderas disectadas de las formaciones montañosas, aunque también suelen encontrarse ocupando sectores planos a ligeramente depresionados; son de drenaje pobre y tienen problemas de inundación severa.
Las condiciones físicas de estas tierras son deficientes debido a que reúnen una mezcla de suelos superficiales a moderadamente profundos. Dichos suelos están afectados por pendientes muy pronunciadas, fertilidad natural baja, presencia de grava y muchas veces rocosidad superficial. Además tienen problemas severos de erosión hídrica potencial, pues el régimen pluvial en esa zona es acentuado y el drenaje muy defectuoso. Dentro de esta clase se han identificado las subclases VIIes y VIIswi.
i. Subclase VIIes
Tiene limitaciones de uso como consecuencia de las deficiencias relacionadas con la profundidad del suelo y la topografía muy empinada con declive entre 50 y 75%; en consecuencia, son tierras de alta susceptibilidad a la erosión pluvial. El fenómeno erosivo ya está presentándose en determinados lugares de la zona, especialmente en aquellas tierras destinadas a la ganadería extensiva; la erosión hídrica ha destruido prácticamente la capa superficial, y los pastos deficientemente desarrollados se encuentran en suelos de superficie rojiza.
Dada su naturaleza topográfica desfavorable, estos suelos se prestan casi exclusivamente para la explotación del recurso forestal. La tala racional y el repoblamiento de las especies madereras comerciales deben constituir las medidas básicas para el mantenimiento de las reservas forestales. Deben evitarse las quemas y talas masivas con propósitos agropecuarios, porque esto traería aparejado la destrucción prematura del suelo comprometiendo las tierras de gradientes más bajas ubicadas por debajo de aquéllas.
ii. Subclase VIIswi
Los problemas de uso están ligados a las deficiencias originadas por la lenta permeabilidad dada la naturaleza predominantemente arcillosa del perfil edáfico. El drenaje es muy defectuoso como consecuencia de la presencia casi permanente de una napa freática muy alta y de los numerosos empozamientos de agua creados por las depresiones. A esto hay que agregar las inundaciones de las aguas pluviales provenientes de las tierras aledañas situadas en niveles superiores, de los ríos que se desbordan por efecto de las crecientes, y de las mareas.
El mejoramiento y la rehabilitación de estas tierras es dudosa a menos que se adopten técnicas especiales de drenaje dentro de términos económicamente justificables, ya que su utilización quedaría circunscrita a muy pocos cultivos especiales. El arroz podría ser una de las especies más apropiadas para este medio edáfico.
En sus condiciones actuales resultan adecuadas para producción de especies forestales comerciales, especialmente la madera de cativo y otras especies de habitat hidrófilo.
Los grupos edáficos que forman la Clase VII son los siguientes: Hapludol, Distropept, Eutropept, Tropudult, y Fluvacuent Trópico.
A.4.4 Tierras no aptas para fines agropecuarios ni explotación forestal
La dase VIII caracteriza a este grupo, y son en su mayoría tierras situadas en las cimas de las montañas, que tipifican el paisaje abrupto y escarpado de la región darienita. Se encuentran asociadas con la Clase VII en menor proporción en laderas muy quebradas y muy fuertemente disectadas de las serranías, así como en áreas planas a ligeramente depresionadas del sector comprendido entre la desembocadura de los ríos Balsas, Tuira y el estuario. Abarcan una superficie de 488 823 hectáreas o sea el 29.1% del total de la provincia.
Los suelos y las formas del terreno de esta clase se caracterizan por sus limitaciones muy severas o extremas, lo que las hacen inapropiadas para fines agropecuarios y aun para propósitos de explotación racional del recurso maderero.
Son de topografía muy accidentada, predominantemente superficiales; se encuentran bajo la influencia de una escorrentía muy rápida, y en consecuencia son muy susceptibles a la erosión pluvial. Dentro de esta clase se han reconocido las subclases VIIIes y VIIIswi.
i. Subclase VIIIes
A esta clase de capacidad corresponden todas aquellas tierras de topografía extremadamente empinada de relieve abrupto y muy quebrado, superficiales y con afloramientos rocosos o pedregosidad superficial. Son altamente susceptibles a la erosión pluvial. No ofrecen ningún valor para propósitos agropecuarios ni silvícolas, y más bien sirven para otros fines, como captación de agua, suministro de energía, parques nacionales, explotación de canteras y minería. En general son tierras que componen el marco escénico del gran grupo de bosques de protección de vida silvestre. Los grupos edáficos que forman estas tierras son Hapludol, Eutropept y Troportent líticos.
ii. Subclase VIIIswi
Agrupa suelos arcillosos pobremente drenados con superficies pantanosas o con napa freática muy próxima a la superficie. Se inundan severamente por lluvias o aguas provenientes del desbordamiento de los ríos o por las mareas (suelos de manglares, normalmente con elevadas dosis de Na cambiable). El mejoramiento del sistema de drenaje puede no ser factible o poco justificable debido al conjunto de limitaciones severas que afectan a estas tierras, que están incluidas dentro del grupo de bosques de protección y pertenecen al Grande Grupo Sulfacuent y Fluvacuent Trópico.

CLASIFICACION DE LOS SUELOS SEGUN SU CAPACIDAD DE USO

La clasificación de los suelos según su capacidad de uso es un ordenamiento sistemático de carácter práctico e interpretativo, fundamentado en la aptitud natural que presenta el suelo para producir constantemente bajo tratamiento continuo y usos específicos. Este ordenamiento proporciona una información básica que muestra la problemática de los suelos bajo los aspectos de limitaciones de uso, necesidades y prácticas de manejo que requieren y también suministra elementos de juicio necesarios para la formulación y programación de planes integrales de desarrollo agrícola.
El sistema de clasificación está basado en las Normas y Principios del Servicio de Conservación de Suelos en los Estados Unidos de América, pero adecuado a los patrones edáficos, climáticos y topofisiográficos existentes en el área reconocida.
El esquema básico de agrupación comprende los siguientes niveles o categorías sistemáticas.
- Divisiones o grupos de capacidad.
- Clases de capacidad de uso.
- Subclases de capacidad de uso.
Las divisiones o grupos de capacidad son cuatro y constituyen la más alta categoría del sistema. Estas son: a) Tierras apropiadas para cultivos intensivos y otros usos; b) Tierras apropiadas para cultivos permanentes, pastos y aprovechamiento forestal; c) Tierras marginales para uso agropecuario, aptas generalmente para el aprovechamiento forestal; d) Tierras no apropiadas para fines agropecuarios ni explotación forestal.
Las divisiones o grupos de capacidad comprenden categorías menores de clasificación, que son las clases de capacidad. Estas se diferencian unas de otras por el grado de limitaciones permanentes o riesgos que involucra el uso de los suelos.
El primer grupo comprende cuatro clases de capacidad, que van de la Clase I a la Clase IV. La Clase I es considerada la mejor y se supone que carece prácticamente de limitaciones, las cuales aumentan de la I a la IV.
El segundo grupo está integrado por las Clases V y VI, y sus limitaciones aumentan progresivamente de la V a la VI.
El tercer grupo consta solo de la Clase VII y agrupa suelos apropiados generalmente para la explotación forestal. Por último, el cuarto grupo consta solo de la Clase VIII y presenta tales limitaciones que son inapropiadas para fines agropecuarios o de explotación forestal.
Las clases de capacidad de uso comprenden las subclases de capacidad, las cuales están determinadas de acuerdo con la naturaleza de las limitaciones que impone el uso del suelo y están en función de los siguientes factores:
- Condición del suelo.- Riesgos de erosión.- Condición de drenaje.- Peligros de inundación.
Las limitaciones por condición de suelo se designan con el subíndice "s" y están principalmente relacionadas con las características edáficas, como textura, estructura, compactación del perfil, profundidad, gravosidad, pedregosidad, rocosidad, características químicas, etc.
Las limitaciones por riesgos de erosión se simbolizan con el subíndice "e" y están vinculadas principalmente a las características topográficas, permeabilidad, escorrentía superficial, cubierta vegetal y pluviosidad.
Las limitaciones por condición de drenaje o humedad están representadas por el subíndice "w" y determinan la dificultad del movimiento del agua a través del suelo.
Por último, el peligro de inundación está relacionado con las inundaciones periódicas o eventuales que ocasionan los ríos en creciente y está representado por el subíndice "i".
Los suelos identificados y descritos han sido agrupados en las Clases II, III, IV, V, VI, VII y VIII. La Clase I no ha sido identificada.
Cada clase de capacidad de uso identificada con sus respectivas subclases ha sido caracterizada en forma generalizada, presentando en su descripción las características y propiedades propias de los suelos en el momento de ser examinados y que guardan relación con su utilización agrícola. Además se mencionan los suelos incluidos, las limitaciones principales, las prácticas de control y los cultivos adaptables.
El Cuadro A-4 indica la extensión y porcentaje aproximado de las clases y subclases de capacidad de uso.
A.4.1 Tierras aptas para cultivos intensivos y otros usos
A.4.1.1 Clase IIA.4.1.2 Clase IIIA.4.1.3 Clase IV
Este grupo cubre un área de 116 381 hectáreas que equivale al 6.9% de la superficie estudiada, y en él se incluyen todas las tierras generalmente arables y adecuadas para cultivos intensivos y permanentes.
Dentro de este grupo de capacidad se han reconocido las Clases II, III y IV, las cuales se describen a continuación con la identificación de sus respectivas subclases.
A.4.1.1 Clase II
Esta clase ocupa gran parte de las tierras aluviales extendidas en forma de angostas fajas sobre las márgenes de los ríos Sambú, Balsas y algunos tributarios del río Chucunaque, y aparecen asociadas con las de la Clase III. Cubren una superficie de 11 608 hectáreas, o sea el 0.7% del total de la provincia.
Los suelos son generalmente profundos, de textura franco a franco limosa, de topografía plana, bien drenados, retentivos al agua y de buena capacidad para el suministro de nutrientes vegetales. Presentan mediana fertilidad natural y generalmente buena capacidad productiva, siempre que se les provea en forma continuada de apropiados tratamientos agrícolas. Las pocas limitaciones hacen que requieran prácticas simples de manejo y de conservación de suelos para prevenir su deterioro o para mejorar las relaciones agua-aire cuando son cultivados en forma continua e intensiva. Las mayores limitaciones que presentan están vinculadas al proceso erosivo lateral que ocasionan las aguas de los ríos en creciente ya ligeros riesgos de inundaciones ocasionales.
El manejo de estas tierras debe estar encaminado a la incorporación de material orgánico, como residuos de cosechas, compost, abonos verdes, fertilizantes nitrogenados de tipo orgánico o mineral en dosis adecuadas a las necesidades de los cultivos adaptados y establecidos de acuerdo con un programa racional de abonamiento; a la rotación de cultivos con inclusión de una leguminosa; a cultivos de cobertura con el fin de preservar la humedad del suelo; al control de la erosión lateral mediante la implantación de especies de raíces profundas y de amplia expansión radicular. Bajo este aspecto resultaría interesante fomentar la plantación de bambúceas en las orillas de los ríos, pues además de su función de protección contra la erosión y las inundaciones tendrían la posibilidad de uña buena fuente de producción de material para la construcción de viviendas rústicas y de artesanía.
Esta clase comprende solamente la subclase IIi, e incluye suelos aluviales recientes clasificados como Tropofluvent; dichos suelos están sujetos a ligeros riesgos derivados de las inundaciones ocasionales producidas por las crecientes excepcionales de los ríos de la zona.
En términos generales, son tierras buenas, arables, aptas para cultivos agronómicos intensivos adaptados al lugar, como maíz, arroz, hortalizas, yuca, maní, sandía y legumbres, pero también podrían implantarse especies permanentes, principalmente frutales tropicales, banano, plátano, pastos, etc.
A.4.1.2 Clase III
Estas tierras de la clase III se distribuyen asociadas con las de las Clases II, IV y V. Ocupan áreas de topografía plana a ligeramente ondulada situadas a lo largo del curso medio del río Tuira, Valle del Chucunaque, principalmente entre los ríos Tupiza y Membrillo, así como en sectores adyacentes a la Carretera Panamericana, próximos a las quebradas de Hinostroza, Lara y Oso. En forma dispersa se encuentran en la zona de Garachiné, Punta Alegre, Patino y río Congo. Se estima que cubren una extensión de 76 079 hectáreas que equivalen al 4.5% de la superficie total de la provincia.
Las restricciones de uso son mayores que para la Clase II cuando se utilizan para cultivos agronómicos, y por lo tanto las prácticas de manejo y conservación son más intensas y difíciles de aplicar y de mantener. Esta clase incluye suelos moderadamente profundos a profundos, de drenaje bueno a imperfecto, con subsuelo de textura arenosa, franco arcillosa y arcillosa, de reacción muy fuertemente ácida a neutra y de fertilidad natural baja a media. En general son deficientes en fósforo y algunos en potasio. Esta dase comprende las siguientes subclases: IIIi, IIIe, IIIes y IIIesw.
i. Subclase IIIi
La subclase IIIi incluye suelos aluviales recientes (Tropofluvent), planos, profundos, de textura arenosa a franco arcillosa, de reacción moderadamente ácida a neutra y de fertilidad natural moderada.
Los problemas de manejo están relacionados básicamente con las inundaciones periódicas ligeras en época de creciente, y además se observa cierta dificultad del movimiento del agua a través del suelo, lo que se manifiesta por la existencia de moteaduras en el perfil.
Otro factor que no deja de tener importancia es la presencia de la napa freática en casi todos los casos observados, cuya dinámica, que guarda relación estrecha con la variación del caudal del río, reduce en alguna forma la profundidad efectiva del suelo ya que comúnmente se encuentra entre 100 y 130 cm de la superficie. Además, los suelos absorbentes que existen en algunos sectores pueden provocar ciertos trastornos a los cultivos por deficiencia hídrica, principalmente en la época de ausencia relativa de lluvia, o sea que no son suelos aptos para almacenar humedad.
Otro problema que atenta contra la integridad física de estos suelos es la erosión lateral que ocasiona considerables dislocamientos de volúmenes de tierra por efecto de las crecientes o desbordamientos de los ríos en la época lluviosa.
En líneas generales, las prácticas de manejo especificadas para la Clase II son aplicables para estos suelos, construyendo además pequeñas obras de avenamiento para la evacuación de las aguas de lluvia o de inundación, las cuales se empozan en sectores ligeramente depresionados. La utilización de estas tierras está orientada al cultivo de especies agronómicas de corto período vegetativo cuyo ciclo de desarrollo no coincida con las crecientes periódicas o estacionales, tales como arroz, maíz, legumbres y hortalizas. El plátano y el banano encuentran condiciones muy favorables para su crecimiento y producción, ya que las inundaciones son de corta duración y poca intensidad y los frutales podrían sufrir efectos de la influencia de la napa freática.
ii. Subclase IIIe
Agrupa suelos ligeramente inclinados, moderadamente profundos a profundos, franco arcillosos, a veces arcillosos muy porosos y muy friables, y tienen una alta capacidad de retención hídrica. Químicamente son de reacción fuertemente ácida a ligeramente ácida, con proporciones bajas a moderadas en fósforo y potasio; la dotación de calcio y magnesio es equilibrada.
Las limitaciones de uso están ligadas estrictamente con la pendiente ligeramente inclinada, con lo cual los suelos quedan expuestos al peligro de la erosión hídrica. Las unidades edáficas que forman esta subclase son los suelos pertenecientes a los Tropudalf, Paleudalf y Paleudol.
iii. Subclase IIIes
Son suelos de topografía ligeramente inclinada, profundos, porosos y muy friables. Las limitaciones de uso están dadas por su naturaleza química, y la reacción es por lo general fuertemente ácida a muy fuertemente ácida y con presencia de niveles de aluminio cambiable, probablemente tóxico para determinadas especies agronómicas. Presentan una fertilidad natural baja y son deficitarios en elementos nutricionales. Las principales áreas con estas limitaciones se encuentran en la margen izquierda del río Chucunaque, entre sus afluentes Tupiza y Membrillo. Los suelos incluidos pertenecen al Grande Grupo Haplortox.
iv. Subclase IIIesw
Los suelos que forman esta subclase son predominantemente arcillosos, de topografía ligeramente inclinada, superficiales a moderadamente profundos. Estos suelos tienen una reacción fuertemente ácida a medianamente ácida y por lo general son de fertilidad moderada.
El problema fundamental, aparte del peligro de erosión hídrica, es la pobre estructuración y el alto contenido de arcillas plásticas del tipo montmorillonítico, que se tornan muy plásticos y pegajosos cuando están húmedos y muy duros y compactos cuando se secan, dando lugar a cuarteaduras o agrietamientos de tamaños variables. Esta característica crea problemas en el laboreo del terreno y le infieren un drenaje interno restringido. Esta subclase está formada por los suelos Cromustert Udico.
En términos generales, los sistemas de manejo y conservación para los suelos de las subclases IIIe, IIIes y IIIesw deben concentrarse en la aplicación de prácticas para el control de la erosión, como surcos en contorno, cultivos en fajas y terrazas; en el incremento de la fertilidad mediante un programa especial en el cual se debe tener en cuenta la naturaleza del suelo y los requerimientos de los cultivos, la incorporación de correctivos sólo en casos económicamente justificables, la adición de material orgánico y la inclusión de leguminosas dentro de un plan de rotación de cultivos. Estas prácticas serán complementadas para el caso de los suelos de la subclase IIIesw con araduras adecuadas y buena roturación de la capa superficial, coincidiendo necesariamente con un porcentaje de humedad adecuado; además se requieren trabajos de drenaje, principalmente en las áreas casi niveladas para evacuar las aguas de lluvia que quedan empozadas.
Estas tierras pueden ser apropiadas para maíz, arroz, cítricos, sandía, zapallo, caña de azúcar, ñame, pina, maracuyá, frutales y forestales.
A.4.1.3 Clase IV
Estas tierras se distribuyen asociadas con los terrenos de la Clase III, V y VI, y aparecen en pequeños núcleos aislados en el sector de Garachiné, Punta Alegre y Valle del Chucunaque. Se estima que cubren alrededor de 28 694 hectáreas o sea el 1.7% de la superficie total de la provincia.
Los suelos que comprende esta clase por lo general son tierras marginales para una agricultura anual e intensiva debido a mayores restricciones o limitaciones de uso. Requieren prácticas de manejo y conservación de suelos más cuidadosos e intensivos para lograr producciones moderadas a óptimas en forma continua. La topografía se presenta en tierras con pendientes inclinadas y complejas de moderada o baja fertilidad natural, de buen drenaje, de textura franco arcillosa a arcillosa; en la mayoría de los casos son moderadamente profundos. Esta clase comprende las subclases IVe y IVes.
i. Subclase IVe
Las tierras de esta subclase son porosas, muy friables y tienen una buena capacidad de almacenamiento hídrico; mediante un trabajo agrícola adecuado podría mantenerse el equilibrio hídrico en buenas condiciones, principalmente en la época de relativa sequía. Las limitaciones de uso están relacionadas básicamente con la naturaleza de la topografía inclinada, que les infiere serios riesgos de erosión hídrica. Los suelos incluidos en esta subclase pertenecen a los Paleudol, Tropudalf y Paleudalf.
ii. Subclase IVes
Al igual que los de la subclase IVe presentan buenas características hidrodinámicas, pero en cambio se encuentran afectados por una reacción fuerte a muy fuertemente ácida que no les favorece con una mayor disponibilidad de elementos nutricionales; por lo tanto, su fertilidad natural es baja. A esto se agregan los peligros por erosión pluvial debido a su topografía inclinada.
Los suelos incluidos en esta subclase pertenecen al Grande Grupo Haplortox. En general, el manejo de estas tierras agrícolas deben orientarse al mejoramiento de las condiciones de fertilidad e incremento de la capacidad productiva, como mejoras orgánicas; aplicación de programas de fertilización basados principalmente en nitrógeno, fósforo y potasio; cultivos de cobertura; araduras, teniendo presente la profundidad efectiva; surcos en contorno y terrazas, y quizás la incorporación de correctivos en los suelos fuertemente ácidos siempre y cuando se trate de implantar cultivos muy sensibles y altamente rentables.
Dada la topografía de los terrenos, de pendiente inclinada, resultaría conveniente utilizarlos más bien para pastos mejorados y desarrollo de una ganadería semiintensiva. También podrían ser adecuados para explotaciones de carácter permanente, o de ciertos cultivos anuales como yuca, ñame, maíz y frijoles. Entre los cultivos permanentes pueden indicarse el mango, el marañón, el mangostín, la pina y otros frutales tropicales nativos.
A.4.2 Tierras aptas para cultivos permanentes, pastos y aprovechamiento forestal
A.4.2.1 Clase VA.4.2.2 Clase VI
Este grupo de uso, formado por las clases de capacidad V y VI incluye tierras que por lo general no son adecuadas para cultivos intensivos, aunque lo serían para cultivos agronómicos permanentes, pastoreo y actividad forestal. Se estima que cubren 435 902 hectáreas o sea el 25.9% de la superficie total del Darién.
A.4.2.1 Clase V
Se distribuyen asociadas con las tierras de las Clases III y IV y ocupan áreas casi planas a ligeramente depresionadas en el valle del Chucunaque y el río Tuira, en el tramo comprendido entre El Real y el río Capeti. Cubren una superficie de 42 205 hectáreas o sea el 2.5% de la superficie total evaluada. Son suelos de topografía bastante homogénea, sin mayores declives y por tanto no erosionables, pero con ciertas características físicas que los hacen más apropiados para la vegetación permanente y para el desarrollo de actividades pecuarias. Las mayores limitaciones de uso en esta dase de suelos radican en el factor drenaje (imperfectamente a pobremente drenados), y en el factor edáfico (arcillosos, reacción muy fuerte a fuertemente ácida y deficientes principalmente en fósforo).
Estos suelos son muy susceptibles a las inundaciones. Se han reconocido únicamente dos subclases, que son la Vsw y la Vswi.
i. Subclase Vsw
Los problemas de uso están íntimamente ligados a las condiciones de drenaje; a la naturaleza arcillosa de los perfiles, que dificulta el movimiento del agua a través del suelo, y a la existencia en algunos perfiles de tenores moderados de aluminio cambiable.
El drenaje deficiente se manifiesta a través del empozamiento de las aguas de lluvia y a la presencia de una napa freática fluctuante a poca profundidad del suelo, que a veces suele encontrarse a escasos centímetros de la superficie.
ii. Subclase Vswi
Aparte de las limitaciones enunciadas en la subclase Vsw, deben agregarse problemas originados por inundación fluvial.
Entre las prácticas de mejoramiento y control apropiado para los suelos de estas subclases pueden indicarse los siguientes: Introducción de pastos seleccionados y mejoramiento de pastos actuales y nativos; división de los campos en potreros a fin de establecer un pastoreo rotativo, control del número de animales y desarrollo de una cubierta adecuada permanente, evitando el pastoreo en épocas muy húmedas. En el caso de la implantación de cultivos intensivos, es necesario construir drenajes con el fin de mejorar las relaciones de suelo-aire y finalmente controlar las inundaciones mediante obras de defensa enmarcadas de acuerdo con las características de los ríos de la zona. En estas tierras el arroz encuentra condiciones muy favorables para su desarrollo. Las tierras de estas subclases pertenecen al Grande Grupo Tropacuept.
A.4.2.2 Clase VI
Ocupa una vasta extensión, principalmente en el valle ondulado y colinado del río Chucunaque, aunque también aparece en menor escala en el curso medio de los ríos Balsas, Tuira y Sambú, y en otros sectores en pequeños núcleos a veces asociados con tierras de la Clase IV. Los suelos que comprende esta clase presentan limitaciones severas que los hacen generalmente inapropiados para llevar a cabo, en forma normal, cultivos de carácter intensivo. Los problemas o deficiencias más importantes que presentan están vinculados estrechamente a condiciones edáficas como profundidad efectiva limitada, presencia de grava, fertilidad natural generalmente baja, y a características topográficas desfavorables y por consiguiente a susceptibilidad a la erosión.
La Clase VI cubre una superficie aproximada de 393 697 hectáreas o sea el 23.2% del área territorial de la provincia.
En esta dase sólo se ha reconocido la subclase VIes.
i. Subclase VIes
Son tierras con problemas de pendientes complejas y pronunciadas y de poca profundidad efectiva, y se encuentran afectadas por un fuerte escurrimiento superficial y un elevado potencial hidroerosivo. Si la cubierta vegetal fuera eliminada por cultivos impropios, sobre pastoreo, tala y quema, el fenómeno que aparecería sería la disminución vertiginosa de las escasas reservas nutricionales y la capacidad productiva de los suelos, sobreviniendo el empobrecimiento prematuro del recurso y el arrastre de grandes masas de tierras por acción de la erosión pluvial.
La capacidad productiva de esta clase de tierras puede ser mantenida y mejorada mediante la fijación de cultivos exclusivamente de carácter permanente (mango, mangostín, palma aceitera, cocotero, piña, nance, marañón, maracuyá, cítricos, ciruelo y otros frutales nativos), y la aplicación de prácticas de conservación en base a cultivos de cobertura, plantaciones en curvas a nivel y al tres bolillos, y quizás también con terrazas del tipo escalonado. Las áreas que puedan dedicarse a la explotación ganadera requerirán prácticas consistentes en el control del número de animales por hectárea evitando el sobrepastoreo. Además, se deberá establecer un programa de abonamiento, tanto mineral como orgánico, que completaría el cuadro de manejo para este tipo de tierras. Estos suelos pertenecen a los siguientes Grandes Grupos: Hapludol, Eutropept, Distropept, Cromustert Udico, Tropudult y Plintudalf.
A.4.3 Tierras marginales para uso agropecuario
Comprenden la Clase VII, que agrupa a las tierras inapropiadas para uso agropecuario y que están relegadas para propósitos de explotación de recursos forestales. Cubre una superficie de 596 094 hectáreas o sea el equivalente al 35.6% del área evaluada.
Se localizan principalmente en áreas muy empinadas y muy a menudo asociadas con tierras de la Clase VIII, con topografía abrupta y pendientes extremadamente empinadas. Se extienden sobre las laderas disectadas de las formaciones montañosas, aunque también suelen encontrarse ocupando sectores planos a ligeramente depresionados; son de drenaje pobre y tienen problemas de inundación severa.
Las condiciones físicas de estas tierras son deficientes debido a que reúnen una mezcla de suelos superficiales a moderadamente profundos. Dichos suelos están afectados por pendientes muy pronunciadas, fertilidad natural baja, presencia de grava y muchas veces rocosidad superficial. Además tienen problemas severos de erosión hídrica potencial, pues el régimen pluvial en esa zona es acentuado y el drenaje muy defectuoso. Dentro de esta clase se han identificado las subclases VIIes y VIIswi.
i. Subclase VIIes
Tiene limitaciones de uso como consecuencia de las deficiencias relacionadas con la profundidad del suelo y la topografía muy empinada con declive entre 50 y 75%; en consecuencia, son tierras de alta susceptibilidad a la erosión pluvial. El fenómeno erosivo ya está presentándose en determinados lugares de la zona, especialmente en aquellas tierras destinadas a la ganadería extensiva; la erosión hídrica ha destruido prácticamente la capa superficial, y los pastos deficientemente desarrollados se encuentran en suelos de superficie rojiza.
Dada su naturaleza topográfica desfavorable, estos suelos se prestan casi exclusivamente para la explotación del recurso forestal. La tala racional y el repoblamiento de las especies madereras comerciales deben constituir las medidas básicas para el mantenimiento de las reservas forestales. Deben evitarse las quemas y talas masivas con propósitos agropecuarios, porque esto traería aparejado la destrucción prematura del suelo comprometiendo las tierras de gradientes más bajas ubicadas por debajo de aquéllas.
ii. Subclase VIIswi
Los problemas de uso están ligados a las deficiencias originadas por la lenta permeabilidad dada la naturaleza predominantemente arcillosa del perfil edáfico. El drenaje es muy defectuoso como consecuencia de la presencia casi permanente de una napa freática muy alta y de los numerosos empozamientos de agua creados por las depresiones. A esto hay que agregar las inundaciones de las aguas pluviales provenientes de las tierras aledañas situadas en niveles superiores, de los ríos que se desbordan por efecto de las crecientes, y de las mareas.
El mejoramiento y la rehabilitación de estas tierras es dudosa a menos que se adopten técnicas especiales de drenaje dentro de términos económicamente justificables, ya que su utilización quedaría circunscrita a muy pocos cultivos especiales. El arroz podría ser una de las especies más apropiadas para este medio edáfico.
En sus condiciones actuales resultan adecuadas para producción de especies forestales comerciales, especialmente la madera de cativo y otras especies de habitat hidrófilo.
Los grupos edáficos que forman la Clase VII son los siguientes: Hapludol, Distropept, Eutropept, Tropudult, y Fluvacuent Trópico.
A.4.4 Tierras no aptas para fines agropecuarios ni explotación forestal
La dase VIII caracteriza a este grupo, y son en su mayoría tierras situadas en las cimas de las montañas, que tipifican el paisaje abrupto y escarpado de la región darienita. Se encuentran asociadas con la Clase VII en menor proporción en laderas muy quebradas y muy fuertemente disectadas de las serranías, así como en áreas planas a ligeramente depresionadas del sector comprendido entre la desembocadura de los ríos Balsas, Tuira y el estuario. Abarcan una superficie de 488 823 hectáreas o sea el 29.1% del total de la provincia.
Los suelos y las formas del terreno de esta clase se caracterizan por sus limitaciones muy severas o extremas, lo que las hacen inapropiadas para fines agropecuarios y aun para propósitos de explotación racional del recurso maderero.
Son de topografía muy accidentada, predominantemente superficiales; se encuentran bajo la influencia de una escorrentía muy rápida, y en consecuencia son muy susceptibles a la erosión pluvial. Dentro de esta clase se han reconocido las subclases VIIIes y VIIIswi.
i. Subclase VIIIes
A esta clase de capacidad corresponden todas aquellas tierras de topografía extremadamente empinada de relieve abrupto y muy quebrado, superficiales y con afloramientos rocosos o pedregosidad superficial. Son altamente susceptibles a la erosión pluvial. No ofrecen ningún valor para propósitos agropecuarios ni silvícolas, y más bien sirven para otros fines, como captación de agua, suministro de energía, parques nacionales, explotación de canteras y minería. En general son tierras que componen el marco escénico del gran grupo de bosques de protección de vida silvestre. Los grupos edáficos que forman estas tierras son Hapludol, Eutropept y Troportent líticos.
ii. Subclase VIIIswi
Agrupa suelos arcillosos pobremente drenados con superficies pantanosas o con napa freática muy próxima a la superficie. Se inundan severamente por lluvias o aguas provenientes del desbordamiento de los ríos o por las mareas (suelos de manglares, normalmente con elevadas dosis de Na cambiable). El mejoramiento del sistema de drenaje puede no ser factible o poco justificable debido al conjunto de limitaciones severas que afectan a estas tierras, que están incluidas dentro del grupo de bosques de protección y pertenecen al Grande Grupo Sulfacuent y Fluvacuent Trópico.

EL TIEMPO METEOROLOGICO-CLIMA

El estado del tiempo, tiempo meteorológico, o tiempo atmosférico, es definido como el estado de la atmósfera en un determinado momento. Son varios los parámetros que son evaluados para determinar la situación atmosférica del momento. Los principales son: humedad (absoluta y relativa), temperatura, Presión atmosférica, vientos y precipitaciones en un determinado lugar y momento. Como cada uno de los instantes son más o menos prolongados en el tiempo, y en extensión, se le denomina tipo de tiempo.

Con frecuencia se confunde el tiempo atmosférico y el clima de un lugar. El tiempo atmosférico a una hora determinada, por ejemplo a las doce del mediodía, viene determinado por la temperatura, presión atmosférica, dirección y fuerza del viento, cantidad de nubes, humedad etc., registrados en el instante que se considera. Se comprende que el tiempo atmosférico cambia rápidamente por variar la temperatura, la presión atmosférica etc. No hace la misma temperatura a las 12 del mediodía que a las 6 de la mañana. Por otro lado también puede decirse que Madrid, París y Caracas tienen el mismo tiempo en un momento dado, por ejemplo, un día con lluvia en las tres capitales da lugar a un mismo tiempo lluvioso. Sin embargo, es evidente que éstas tres ciudades no tienen el mismo clima, ni siquiera parecido. Prueba de ello es la diferente vegetación que rodea a cada una de ellas: exuberantemente tropical en Caracas, abundante en bosques y praderas en París y más bien esteparia y reseca en Madrid. Así pues, el tiempo traduce algo que es instantáneo, cambiante y en cierto modo irrepetible; el clima, en cambio, aunque se refiere a los mismos fenómenos, los traduce a una dimensión más permanente duradera y estable. De esta manera podemos definir el tiempo como "el estado de la atmósfera en un lugar y un momento determinados"; y el clima ,"como la sucesión periódica de tipos de tiempo". Por tanto la mejor forma de abordar el análisis del clima sería a través del estudio de los tipos de tiempo, estableciendo sus características, sucesión y articulación habitual a través de las estaciones. En efecto los seres vivos no perciben aisladamente los distintos meteoros. Según sople el viento o esté en calma, llueva o no, el sol brille o esté nublado, una misma temperatura ambiente será percibida de forma diferente por los organismos y producirá una vegetación también distinta. Sin embargo para poder tener una visión completa de los climas a nivel del globo, no queda otra solución que analizar separadamente los elementos del tiempo. Estableciéndose así los distintos climas a partir de los valores medios de la temperatura, presión atmosférica, dirección y fuerza del viento, cantidad de nubes, humedad, cantidad de lluvia etc., registrados durante un período de tiempo muy largo, generalmente de treinta años. La utilidad del concepto de clima se debe a que, por ejemplo, la temperatura media de un lugar durante un período de treinta años es prácticamente la misma que durante otros treinta años distintos. Esto nos permite decidir si el clima de un lugar es frío o cálido. El registro continuo de los datos meteorológicos permiten igualmente apreciar las posibles variaciones o cambios que se pudieran producir a la norma establecida para un determinado lugar.

La atmósfera, escenario de los fenómenos meteorológicos Los distintos fenómenos meteorológicos que componen el "tiempo" tienen como escenario la atmósfera, masa gaseosa que constituye la capa externa y envolvente de la Tierra. Con un espesor que se aproxima a los dos mil kilómetros, hace posible la vida en nuestro planeta. Y ello por dos de sus características: por los gases que la forman (especialmente el oxígeno), y por actuar a modo de termostato, al regular el calor de y sobre la superficie terrestre. La atmósfera no es uniforme, pero su estructura permite considerar capas o estratos en la misma. Estas capas pueden establecerse o diferenciarse en relación a diversas características, una de ellas el estado o comportamiento térmico. Según este criterio, se observa que , comenzando a nivel de superficie, la temperatura desciende a razón constante de 6,4º C. por kilómetro en promedio, y ello hasta una altura que varía de 8 a 10 kilómetros sobre los Polos y de 15 a 18º C. sobre el Ecuador. La capa que presenta esa variación térmica constante se denomina Troposfera.
A partir de la troposfera aparece una capa en la que la temperatura aumenta, primero lentamente hasta una altura de treinta kilómetros, luego rápidamente hasta los 50 kilómetros. Esta capa se denomina estratosfera, muy rica en ozono. Más allá se extienden la mesosfera, termosfera y por último la exosfera, formada por moléculas sueltas cuya concentración va disminuyendo progresivamente hasta los dos mil kilómetros de altitud, límite en el que suele fijar la barrera entre la atmósfera y el espacio interestelar. La atmósfera actúa como un filtro que impide que lleguen todos los rayos del sol a la Tierra. Algunos de los rayos más perjudiciales, como los rayos X y los ultravioleta son totalmente absorbidos en las capas altas de la atmósfera. Los rayos ultravioleta son totalmente absorbidos en la capa de ozono, situada entre los 25 y los 40 Km de altura. En la capa inferior de la atmósfera, llamada troposfera (bajo el nivel de la Tropopausa), tienen lugar los fenómenos atmosféricos. Es la más importante para la vida. En ella se encuentra el aire, que está compuesto de oxígeno (21%), nitrógeno (78%) y otros gases. Entre la atmósfera y la superficie terrestre se produce un intercambio permanente de calor a través de los movimientos constantes del aire, la evaporación y la condensación del vapor de agua. Cualquier alteración en la atmósfera provocaría grandes trastornos en las formas de vida de la superficie terrestre. Pequeñas variaciones de la temperatura media del planeta pueden producir cambios en el clima de todo el mundo. Se ampliarían zonas de sequía y aumentaría la erosión de los suelos. La falta de agua y el aumento de los incendios provocarían la desaparición de bosques...
El tiempo meteorológico Analiza la atmósfera, sus cambios y variaciones para un momento y lugar preciso, registra las evoluciones que se van produciendo en ella y prevé qué condiciones se van a dar en la superficie terrestre en cuanto a temperaturas máximas y mínimas, precipitaciones, dónde se producirán , las características de éstas: chubascos, lloviznas, aguaceros, agua o nieve etc... Diariamente hablamos del tiempo, hacemos referencia a bueno o malo, frío o calor, soleado o nuboso, seco o lluvioso... son conceptos con los cuales describimos situaciones reales y sensaciones corporales. Diariamente también visualizamos y escuchamos informes del tiempo y se nos habla de borrascas, frentes, ciclones, anticiclones... Con estos términos se definen las situaciones concretas de la atmósfera para un lugar y un tiempo determinado.
El tiempo cambia Los cambios bruscos del tiempo se deben a desplazamientos sobre la superficie de la Tierra de masas de aire, que tienen características muy diferentes en cuanto a temperaturas, humedad o presión se refiere; estas masas de aire cubren extensas zonas del planeta. Según estos criterios podríamos diferenciar:
1. Masas de aires polares
Reciben menos energía solar y cubren no sólo las regiones polares, sino también buena parte de la zona que se considera templada. De igual forma, se distingue entre aire polar marítimo y aire polar continental, siendo el segundo más seco y por tanto más frío que el primero.
2.- Masas de aire cálidas: Pueden ser tropicales marítimas y tropicales continentales. Las primeras tienen un carácter cálido y un grado muy alto de humedad, ya que se extienden a lo largo, de los grandes océanos sometidos por la radiación solar a una evaporación intensa. Las segundas, que se extienden por los continentes en esas latitudes, se las considera continentales y, aunque de carácter cálido, no presentan un alto grado de humedad. Tienden a ser más bien secas. Los contactos entre las diferentes masas de aire de desigual temperatura y grado de humedad son bruscos, originando tormentas y precipitaciones de diversa consideración; a este fenómeno meteorológico se le denomina frentes.
La imagen nos muestra un mapa de Isobaras, líneas que unen puntos de igual presión, correspondiente al día 7 de Abril de 2.000. En él se han dibujado las zonas correspondientes a las Altas y Bajas presiones, así como las líneas que indican los frentes, en azul los frentes fríos, en rojo los frentes cálidos y en morado los ocluídos.
El clima Los climas se establecen recogiendo las observaciones realizadas día a día en las diversas estaciones meteorológicas durante una serie de años, que al menos deben ser treinta, para obtener una fiabilidad mínima. El compendio de todos los datos permiten establecer las distintas zonas climáticas en el planeta. La climatología es la ciencia que se encarga de estudiar las variedades climáticas que se producen en la Tierra y sus diferentes características en cuanto a: temperaturas, precipitaciones, presión atmosférica y humedad.

ELEMENTOS DEL CLIMA

Temperaturas Se establecen mediante promedios. Hablamos de temperaturas medias (diarias, mensuales, anuales...) y de oscilación o amplitud térmica, que es la diferencia entre el mes más frío y el mes más cálido de un lugar.
Precipitaciones Se establecen mediante los totales recogidos en los pluviómetros, las cantidades se suman y determinan el régimen pluviométrico del lugar o zona, estimándose como lugar seco o húmedo o estación húmeda o de humedad constante.
Presión atmosférica En las masas de aire, los distintos niveles de temperatura y humedad determinarán los vientos, su dirección y fuerza. La presión del aire se mide con el barómetro, que determina el peso de las masas de aire por cm2, se mide en milibares y se considera un nivel de presión normal el equivalente a 1.013 mbs.
Humedad La humedad de las masas de aire se mide con el higrómetro, que establece el contenido en vapor de agua. Si marca el 100%, el aire ha llegado al máximo nivel de saturación; más del 50% se considera el aire húmedo y menos del 50% se considera aire seco.
Factores del clima En la distribución de las zonas climáticas de la Tierra intervienen lo que se ha denominado factores climáticos, tales como la latitud, altitud y localización de un lugar y dependiendo de ellos variarán los elementos del clima.
Latitud Según la latitud se determinan las grandes franjas climáticas, en ello interviene la forma de la Tierra, ya que su mayor extensión en el Ecuador permite un mayor calentamiento de las masas de aire en estas zonas permanentemente; disminuyendo progresivamente desde los Trópicos hacia los Polos, que quedan sometidos a las variaciones estacionales según la posición de la Tierra en su movimiento de traslación alrededor del Sol.
Altitud La altitud respecto al nivel del mar influye en el mayor o menor calentamiento de las masas de aire. Es más cálido el que está más próximo a la superficie terrestre, disminuyendo su temperatura progresivamente a medida que nos elevamos, unos 6,4º C.. cada 1.000 metros de altitud.
La localización La situación de un lugar, en las costas o en el interior de los continentes, será un factor a tener en cuenta a la hora de establecer el clima de esa zona, sabiendo que las aguas se calientan y enfrían más lentamente que la tierra, los mares y océanos suavizan las temperaturas extremas tanto en invierno como en verano, el mar es un regulador térmico.
Esos elementos y factores habrá que combinarlos adecuadamente en el establecimiento de los climas de los distintos lugares de la Tierra, e incluso habrá que matizarlos con factores particulares si hablamos de microclimas. Los climas de la Tierra se reflejan en la distinta vegetación, fauna, asentamientos humanos y actividades económicas de estos según las zonas y la tipología.
El clima es el estado medio de la atmósfera de un lugar determinado a base de los datos correspondientes a un intervalo de varias décadas. Dos de los elementos más importante en el establecimiento de un clima y las precipitaciones. Los factores prals. de que depende ambas magnitudes son la latitud, la altitud y la distribución de las tierras y mares de un lugar. Existen diversas clasificaciones de los climas según los datos a los que se atiendan para su establecimiento.
Clima
El Clima es el efecto a largo plazo de la
radiación solar sobre la superficie y la atmósfera de la Tierra en rotación. El modo más fácil de interpretarlo es en términos de medias anuales o estacionales de temperatura y precipitaciones.
Las áreas de
tierra firme y las marinas, al ser tan variables, reaccionan de modos muy distintos ante la atmósfera, que circula constantemente en un estadode actividad dinámica. Las variaciones día a día en un área dada definen su climatología, mientras que el clima es la síntesis a largo plazo de esas variaciones (ambas pueden considerarse subdisciplinas de la meteorología). El clima se mide por medio de termómetros, pluviómetros, barómetros y otros instrumentos, pero su estudio depende de las estadísticas. Hoy tales estadísticas son realizadas competentemente por ordenadores. Con todo, un resumen sencillo a largo plazo de los cambios climáticos no proporciona una representación exacta del clima. Para obtener ésta es necesario el análisis de los patrones diarios, mensuales y anuales. La investigación de los cambios climáticos en términos de tiempo geológico es el campo de estudio de la paleoclimatología, que requiere las herramientas y métodos de la investigación geológica.
La palabra clima viene del griego klima, que hace referencia a la inclinación del Sol. Además de los efectos de la radiación solar y sus variaciones, el clima siempre está bajo la influencia de la compleja
estructura y composición de la atmósfera y de los mecanismos por los que ésta y los océanos transportan el calor. Así pues, para cualquier área dada de la Tierra, debe considerarse no sólo su latitud (que determina la inclinación del Sol), sino también su altitud, el tipo de suelo, la distancia del océano, su relación con sistemas montañosos y lacustres, y otras influencias similares. Otra consideración a tener en cuenta es la escala: el término macroclima hace referencia a una región extensa; mesoclima, a una más pequeña; y microclima, a un área diminuta. Por ejemplo, puede especificarse que un buen microclima para cultivar plantas es el que hay al abrigo de grandes árboles de sombra.
El clima tiene una gran influencia en la
vegetación y la vida animal, incluyendo a los humanos. Desempeña un papel significativo en muchos procesos fisiológicos, desde la concepción y el crecimiento de los seres vivos hasta la salud y la enfermedad. El ser humano, por su parte, puede influir en el clima al cambiar su medio ambiente, tanto a través de la alteración de la superficie de la Tierra como por la emisión de contaminantes y productos químicos, como el dióxido de carbono, a la atmósfera.
El Clima En Venezuela
Por su posición latitudinal ( 1o a 12o N), al norte de Sudamérica,
Venezuela está bajo la influencia de la hondonada intertropical de bajas presiones ecuatoriales, donde convergen los vientos alisios del noreste y del sureste. Como consecuencia de la circulación general de la atmósfera, de diciembre hasta abril la mayor parte del país está afectada por la zona del alisio del noreste, donde se produce subsidencia de las masas de aire, que origina fuertes inversiones de temperatura a alturas de 1500 a 2000 msnm (inversiones del alisio). Por encima de esa altura, el aire carece por completo de humedad, por lo que el proceso convectivo de formación de nubes se ve muy limitado, produciendo así la temporada seca en Venezuela. La región norte del país se ve afectada con relativa frecuencia por perturbaciones de origen extratropical, especialmente frentes fríos, entre enero y abril, que provocan precipitaciones dentro de la temporada seca.
Desde mediados de abril hasta noviembre, debido al desplazamiento gradual del
sistema de presiones hacia al norte, el país está casi en su totalidad bajo la influencia de la zona de convergencia intratropical, franja de muy intensa actividad covectiva (formación de nubes), que determina la temporada lluviosa sobre Venezuela. La zona sur del país, entre los paralelos 1o y 4o N, aproximadamente, está siempre bajo la influencia de la convergencia intertropical, por lo que nunca se presenta un período seco.
En el país se presentan muy diferentes situaciones climáticas; la precipitación varía de menos de 400 mm anuales en parte de la franja costera a más de 4000 mm anuales en el sur del país, y las temperaturas medias diarias oscilan de más de 28oC a menos de 0oC en los páramos andinos. Según la clasificación de Koeppen, en Venezuela existen estos tipos climáticos:
Tropical Desértico (árido), ubicación hacia la franja costera de Falcón y de Sucre, en el golfo de Cariaco, en las islas de Coche y Cubagua, y en la zona de Restinga, de la isla de Margarita.
Tropical Estepario (semiárido), ubicado hacia la parte norte de los estados Zulia y Falcón, la
depresión Lara-Falcón, la zona costera central, las zonas costeras de la depresión de Unare y parte del estado Sucre, hacia el golfo de Cariaco, y gran parte de la isla de Margarita.
Tropical de Sabana, ubicado en toda la zona de los llanos, en los pie de montes de las serranías de la Costa y de los Andes, en gran parte de los estados Zulia y Lara, en todo el norte del estado
Bolívar, incluyendo la zona de la Gran Sabana, en parte de la costa de los estados Falcón y Yaracuy, y en parte de la costa hacia el golfo de Paria.
Tropical Monzónico, ubicado como una franja transicional entre los climas tropical de sabana y tropical de selva, hacia el piedemonte de Perijá, al sur y parte de la costa oriental y suroriental del lago de Maracaibo, en parte de las costas del estado Sucre y el piedemonte de turimiquire, en parte de los estados Delta Amacuro, Bolívar y Amazonas, en el piedemonte de las serranías de San Luis (estado Falcón) y de la costa (estados Yaracuy, Carabobo, Aragua y Miranda).
Tropical de Selva, ubicado hacia las sierras de Perijá y San Luis, el sur del lago de Maracaibo, Barlovento, en la parte oriental de los estados Delta Amacuro y Bolívar, en la parte sur del estado Bolívar y en todo el estado Amazonas.
Templado de altura siempre lluvioso, ubicado hacia las zonas más elevadas de los estados Bolívar y Amazonas, en las partes más altas de las serranías de turimiquire y de Perijá, en ambas vertientes de la cordillera de los andes y en la zona de El Nula, estado Táchira.
Templado de altura, ubicado en gran parte de la cordillera de los Andes.
Páramo de altura, ubicado en las zonas localizadas a más de 3000 msnm en la cordillera de los Andes.
Glacial de altura, ubicado en los picos nevados de la cordillera de los Andes.
Además de estas diferencias en los climas del país, dentro de cada gran región climática se presentan diferencias espaciales y temporales en el
comportamiento de los parámetros climáticos.
Así, por ejemplo, en los llanos, a pesar de formar parte de lazonacon clima tropical de sabana, y de su gran uniformidad fisiográfica, existe un gradiente general este-oeste de precipitación, que va de un inicio de la temporada lluviosa en junio, con una duración de 5 meses y 900 mm anuales en los llanos orientales, hasta un inicio de la temporada lluviosa en abril, con una duración de 9 meses y 1800 mm anuales en los llanos altos occidentales. Esta variabilidad espacio-temporal es aún mayor en las zonas montañosas.
En general, los meses más fríos del años son diciembre y enero, y los más cálidos marzo y abril, excepto en la zona de los llanos, donde a menudo los meses más fríos son julio a septiembre, por efecto de las elevadas precipitaciones.
Las temperaturas medias son, en general, elevadas, variando entre 23oC y 29oC; el principal factor modificador de la temperatura es la altitud. En las zonas montañosas del país se presentan muy fuertes gradientes de temperatura, como se observa en el caso de las estaciones El Vigía (130 msnm) y Mucubají (3560 msnm), donde las temperaturas del mes más frío varían de 26.3oC a 5.4oC, en una distancia horizontal menor de 100 Km
La amplitud térmica anual (diferencia entre el mes más frío y el más cálido) es muy baja, en general menor 5oC, por lo que el clima del país puede calificarse de isotermo. La amplitud térmica diaria o termoperíodo (diferencia entre las temperaturas máximas y mínima medias) está por el orden de 9oC a 12oC, excepto en las zonas costeras, donde disminuye a unos 6oC.
En Venezuela, las direcciones prevalecientes del viento (es decir, desde donde sopla), son la Norte (N), Nornoroeste (NNE) y Noreste (EN). En las zonas costeras, la
dirección prevaleciente es la Este franco (E), excepto cuando algún accidente de la costa modifica la entrada, como en Barcelona. En las zonas montañosas el patrón planetario del alisio está profundamente modificado, y la dirección prevaleciente del viento depende de la topografía, como se observa en el caso de Mérida. Estas direcciones prevalecientes , y así, en la temporada lluviosa, aumenta la frecuencia de vientos con componente sur, especialmente del Sur-Oeste.
La
velocidad media del viento (correspondiente a la dirección prevaleciente) varía, en la zona costera, de unos 2.5 m/s al este a unos 5 m/s al oeste; en el centro del país, las velocidades son del orden de unos 3 m/s en promedio.
FACTORES DEL CLIMA
La atmósfera como capa continua de
gases que envuelve a la tierra tiene una movilidad constante que se conoce como circulación atmosférica. Pero cada una serie de factores influyen y modificada uno de los elementos del clima.
Unos son de
naturaleza cósmica, es decir, dependen de la forma y posición de la tierra en el sistema solar. Otros son de carácter geográficos y dependen de los mares , montañas o zonas de la tierra.
La atmósfera impide que los rayos solares lleguen directamente a la superficie terrestre , así protege del calor de los rayos y del enfriamiento que hay en la noche.
La latitud también influyen en la climatología. Las temperaturas van en descenso del
ecuador a los polos y el hemisferio sur es más húmedo y menos cálido que el norte.
La misma cantidad de calor actuando durante el mismo tiempo elevará la temperatura del suelo aproximadamente el doble que la del
agua. El suelo se calienta dos veces más pronto que el agua.
LAS PRECIPITACIONES
En climatología es de sumo
interés el estudio de la humedad ya que debida a ella se realizan las precipitaciones que tienen consecuencias biológicas.
De todos los fenómenos meteorológicos la lluvias es la de mayor importancia para la superficie terrestre y la vida del
hombre. De la cantidad y el régimen de precipitaciones dependen la descomposición de las rocas, la formación de suelos, la erosión , etc.
El agua contenida en el aire se renueva de forma permanente ya que siempre tiene que conservar un grado de humedad.
El aire puede absorber mayor cantidad de vapor de agua cuando mayor sea su temperatura, la evaporación del agua contenida en el mar, en los lagos o ríos formando las lluvias.
Las precipitaciones sólidas , nieve o granizo s producen cuando la masa del aire es inferior a cero grados.
Las precipitaciones se pueden producir por convección, cuando una masa de aire cálido se enfría al elevarse formando una masa nubosa que al saturarse de humedad origina lluvia.
TEMPERATURAS Y REGÍMENES TÉRMICOS
La mayor parte de los fenómenos del clima se deducen de la distribución de las temperaturas del aire para cualquier estudio climatológico. Las variaciones geográficas de la distribución de las temperaturas medias se reflejan en los
mapas de isotermas.
Sobre el globo terráqueo se han establecidos las isotermas anuales, lo que permite conocer los rasgos generales de la distribución de las temperaturas.
Por ejemplo la comparación de las temperaturas de enero y julio, los meses más extremados, da una idea bastante exacta de la amplitud térmica y sirve para establecer los regímenes térmicos.
ZONAS CLIMÁTICAS
Los climas se describen con arreglo a códigos previamente acordados o con términos descriptivos un tanto imprecisos en su definición que, no obstante, resultan útiles. A escala global se puede hablar del clima en términos de zonas, o cinturones, que pueden trazarse entre el ecuador y el polo en cada hemisferio. Para comprender éstas hay que tomar en consideración la circulación en la capa superior de la atmósfera, o estratosfera, así como en la atmósfera inferior, o troposfera, zona donde se manifiesta el clima. Los fenómenos de la atmósfera superior no fueron conocidos hasta el
desarrollo de tecnologías avanzadas, como los cohetes, los vuelos a gran altitud y los satélites artificiales.
En condiciones ideales, es posible suponer que el aire caliente asciende por convección a lo largo del ecuador y desciende cerca de los polos. Así pues, el cinturón ecuatorial tiende a ser una región de baja
presión y periodos de calma interrumpidos por tormentas eléctricas, asociadas a enormes nubes llamadas cúmulos. Debido a los periodos de calma, este cinturón recibe el nombre de doldrums (estancamiento). Se desplaza ligeramente hacia el norte del ecuador durante el verano boreal y hacia el sur durante el meridional. Por contraste, el aire desciende en las regiones polares. Esto produce una elevada presión atmosférica y vientos secos y helados que tienden a radiar hacia el exterior desde los polos.
Para complicar este cuadro simplista, hay que tener en cuenta la rotación de la Tierra, que desvía los componentes norte y sur de la circulación atmosférica. Así, los vientos tropicales y polares tienden a ser del Este (vientos procedentes del Este), y se desarrollan dos cinturones intermedios en cada hemisferio. A unos 30° de latitud N y S hay una zona de alta presión en la que el aire de las capas superiores desciende y se divide enviando corrientes hacia el ecuador. En el hemisferio norte soplan vientos regulares del Noreste, y del Sureste en el hemisferio sur. Estas zonas de alta presión producen áreas áridas en los continentes, pero hacen que el aire se cargue de humedad sobre los océanos debido a la evaporación. Si estos vientos regulares chocan con una isla dispuesta a modo de barrera topográfica o con la costa de un continente, el aire húmedo se eleva hasta zonas más frescas dando lugar normalmente a fuertes lluvias.
Entre los 50° y los 60° de latitud N y S se encuentra un cinturón de baja presión caracterizado por los vientos dominantes del Oeste, que son desviados hacia el Suroeste en el hemisferio norte y hacia el Noroeste en el hemisferio sur. En este caso las precipitaciones se relacionan con los frentes polares; el aire frío de los vientos polares del Este penetra por debajo del aire cálido y húmedo de los vientos del Oeste que, al enfriarse, liberan la humedad que contienen. En invierno ésta es la causa de la mayoría de las nevadas en los continentes.

TIPOS DE CLIMAS
Los autores clásicos dividieron la Tierra en tres grandes zonas climáticas que se correspondían con los climas frío, templado y tórrido. En general, se considera la isoterma de los 10 ºC para el mes más cálido, que coincide aproximadamente con el límite de la tundra y el bosque de coníferas, como
valor para distinguir los climas templados de los fríos; por otro lado, la separación entre los climas tórridos o tropicales de los templados se establece en la isoterma de los 18 ºC para el mes más frío. Sin embargo, dentro de cada una de estas zonas cabe distinguir diferentes tipos y subtipos en función de factores tales como la temperatura y la precipitación. Otros elementos que contribuyen a explicar el clima de una región pueden ser la presión atmosférica, los vientos, la humedad, la latitud, la altitud, el relieve, la proximidad de los mares, las corrientes oceánicas y la influencia de la naturaleza del suelo y la vegetación.
Muchos climatólogos han establecido sus propias clasificaciones climáticas, entre las que cabe destacar la de Köppen, una clasificación empírica dada a conocer por primera vez en 1918 y sometida posteriormente a varias revisiones. Köppen y su colaborador Geiger definieron seis grandes
grupos de climas, asociados a la vegetación, a los que designaron mediante letras mayúsculas: A (tropical), B (subtropical), C (templado), D (frío), E (polar) y H (montaña). Estos grupos se subdividían a su vez en función del régimen pluviométrico y de las temperaturas, también señalados mediante letras, en este caso minúsculas, que unidas a las anteriores especificaban la variedad climática de un espacio determinado dentro de cada categoría principal. Así, por ejemplo, un clima tipo Csa indica que se trata de un clima templado con veranos secos y calurosos e inviernos húmedos y suaves, es decir, lo que se conoce como un clima mediterráneo.
A continuación, se exponen los principales tipos de clima del planeta considerando
los valores, siempre aproximados, de la temperatura y las precipitaciones.
Clima ecuatorial
Es característico de las regiones de latitudes bajas, localizadas fundamentalmente entre los 10º N y 10º S. La temperatura y la humedad son altas y constantes a lo largo del año. La temperatura media del mes más frío supera los 18 ºC, y la temperatura media anual se sitúa por encima de los 25 ºC. Las precipitaciones anuales sobrepasan los 1.500 mm e incluso, en algunas áreas, los 3.000 milímetros. La duración del día y de la noche es muy similar.
Clima tropical
Es propio de las regiones tropicales. Las temperaturas medias mensuales son elevadas y bastante uniformes a lo largo del año, siendo la media anual superior a los 20 ºC. El régimen térmico varía entre 3º y 10º, mayor en el interior y menor en las áreas costeras. Las precipitaciones oscilan entre los 400 y los 1.000 mm anuales, aunque la variedad de clima monzónico alcanza
valores muy superiores. Alternan las estaciones secas y lluviosas. En función de la distribución estacional de las precipitaciones y de la cantidad se distinguen las variedades siguientes: sudanés (precipitaciones entre 750 y 1.100 mm y tres estaciones, una seca y fresca, otra seca y calurosa, y otra lluviosa), subecuatorial (dos estaciones lluviosas y dos secas), saheliense (precipitaciones entre 400 y 750 mm, con una larga estación seca) y monzónico (estación lluviosa de gran intensidad que alterna con otra seca).
Clima desértico
Propio de las áreas desérticas, se caracteriza por altas temperaturas y
escasez de precipitaciones. Se distinguen dos importantes variantes: el clima desértico cálido, con una temperatura media anual en torno a los 20 ºC, una fuerte oscilación térmica (puede alcanzar los 20º) y precipitaciones inferiores a los 200 mm, y el clima desértico costero, que presenta una temperatura media anual inferior a los 20 ºC, menor oscilación térmica (en general por debajo de los 10º) y precipitaciones insignificantes, por debajo de los 100 mm anuales. Además de estos desiertos propios de la zona cálida o tropical, existen otros tipos en la zona templada resultado de la degradación de los climas propios de sus latitudes. Aquí cabría hablar de los desiertos continentales, donde el elemento condicionante del régimen termo pluviométrico, además de las altas presiones, es la continentalidad, que acentúa la sequía y la oscilación térmica diaria.
Clima templado
Bajo este epígrafe se aúnan una gran variedad de climas que tienen en común el hecho de contar con unas temperaturas estivales más elevadas que en invierno. Los climas templados se clasifican en:
Clima mediterráneo
Este tipo de clima se da particularmente en los países ribereños del mar Mediterráneo, de ahí su denominación, aunque se han establecido varios subtipos en relación con la distancia a las masas oceánicas. También se da en la costa meridional de Australia, en el suroeste de
la República de Sudáfrica, en California y en las estrechas áreas costeras de Chile central, donde los Andes actúan como barrera climática. En sentido amplio, define el clima de las regiones costeras occidentales de los continentes comprendidas dentro de la zona de las latitudes medias de la Tierra (entre los 30º y los 45º, aproximadamente). Se caracteriza por veranos cálidos, secos y soleados, e inviernos suaves y húmedos. Las temperaturas medias anuales varían entre los 12 ºC y los 18 ºC, y la oscilación térmica anual está comprendida entre los 10º y los 15º por lo general. El promedio de precipitaciones se sitúa entre los 400 y los 700 mm, concentradas en el invierno, ya que durante el verano el clima está sujeto a la presencia de anticiclones subtropicales, y en el invierno, a las depresiones de la atmósfera.
Clima chino
Este clima presenta una temperatura media ligeramente superior a la del mediterráneo, lo mismo que la oscilación térmica anual, que supera los 15º. El promedio de precipitaciones sobrepasa los 1.000 mm, concentradas en el periodo estival, que contrasta con la sequedad del invierno.
Clima oceánico
Es el clima característico de las regiones comprendidas dentro de la zona de latitudes medias de la Tierra sujetas a la influencia oceánica. La proximidad del mar determina una amplitud térmica anual en general pequeña y unas precipitaciones importantes (1.000-2.000 mm) y bien distribuidas a lo largo del año, aunque el máximo se sitúa en la estación invernal. La temperatura media depende de la latitud, aunque se puede establecer en torno a los 10 ºC; los inviernos presentan unas temperaturas moderadas y en verano son frescas.
Clima continental
Este clima es propio de las regiones del interior de los continentes. Se caracteriza por una relativa escasez de precipitaciones, sobre todo en invierno, debido a la distancia que las separa de las áreas de influencia marítima, y por una notable amplitud térmica estacional (que puede alcanzar hasta los 60º), con unas temperaturas estivales bastante altas que contrastan fuertemente con los inviernos fríos. La temperatura media anual es inferior a los 10 ºC. Las precipitaciones oscilan entre los 300 y los 700 mm de promedio, que se producen principalmente en verano. Se pueden distinguir varios tipos: el siberiano (el más extremado, con una temperatura media inferior a los 0 ºC, una oscilación térmica que puede alcanzar los 60º y precipitaciones inferiores a los 200 mm anuales concentradas en el periodo estival); el manchuriano (con un temperatura media inferior a los 10 ºC, oscilación térmica en torno a los 40º y precipitaciones, concentradas en el periodo estival, que superan los 500 mm); y el ucraniano (con unas características térmicas similares al anterior, aunque la temperatura media es ligeramente más baja y la amplitud un poco superior, y unas precipitaciones comprendidas entre los 300 y los 400 mm anuales).

Clima polar
Clima propio de aquellas regiones que presentan una temperatura media mensual y anual por debajo de los 0 ºC, amplitudes térmicas superiores a los 30º y precipitaciones insignificantes que se producen en forma de nieve. En estas regiones, cubiertas por la nieve durante la mayor parte del año, el tipo de suelo característico es el permafrost.
Clima de alta montaña
En las montañas la temperatura disminuye con la altitud, mientras que aumentan las precipitaciones, al menos hasta un cierto nivel altimétrico. La montaña, en este sentido, altera las características de la zona climática en la que se sitúa. Por este motivo, no se pueden establecer unos rasgos con validez universal que lo definan, aunque sus variedades climáticas son fácilmente reconocibles, como el clima alpino. Presenta unas temperaturas invernales negativas y unas estivales positivas, aunque la temperatura media anual se establece en torno a los 0 ºC; la oscilación térmica es inferior a los 20º y las precipitaciones, más abundantes en verano que en invierno, superan los 1.000 mm anuales. Este clima de alta montaña es el que predomina en la cordillera andina.
Por último, como se mencionó con anterioridad, tienen lugar cambios microclimáticos causados por la
acción antrópica. Así, por ejemplo, en las ciudades se forman las denominadas ‘islas de calor’; cuando este espacio se encuentra bajo una situación anticiclónica cálida, durante la noche la temperatura es más alta en relación con el medio ambiente circundante. También la contaminación atmosférica de los núcleos urbanos provoca un aumento de la nubosidad media, modifica el régimen de lluvias, altera la circulación de los vientos y disminuye la radiación solar y la transparencia del aire.

CLASIFICACIÓN CLIMÁTICA LIGADA A LA VEGETACIÓN
Los dos parámetros meteorológicos en los que se basa la clasificación anterior no son suficientes para satisfacer la necesidad de una
descripción climática exacta y universal. La vegetación, por su parte, ofrece una referencia importante, sobre todo en casos como el de la selva, o cinturón ecuatorial de bosque tropical húmedo, con temperaturas cálidas y lluvias durante la mayor parte del año; la sabana, cálida y con una marcada estacionalidad; y la tundra, fría, con escasas precipitaciones y veranos cortos. Es particularmente útil considerar ambos factores, clima y vegetación, para conocer la naturaleza de una zona y lo que representa vivir en ella. La influencia del clima en la vegetación natural viene determinada fundamentalmente por las precipitaciones, la temperatura y la luz; de ahí la estrecha relación existente entre la distribución de los regímenes climáticos y de la vegetación. A grandes rasgos, se pueden distinguir cinco grandes asociaciones vegetales en función sobre todo de la cantidad y distribución de las precipitaciones a lo largo del año: clima cálido y húmedo, con o sin estación seca, idóneo para el desarrollo de las selvas, del bosque tropical y la sabana; clima templado húmedo, con o sin estación seca, que permite la existencia de bosques mixtos y praderas; clima frío y húmedo, donde crecen los bosques mixtos y de coníferas; clima seco, ámbito de la estepa y las especies xerófilas adaptadas a las condiciones áridas de las zonas desérticas; y clima polar y alpino o de alta montaña, asociados a una vegetación propia de la tundra y a la presencia de casquetes glaciares.
  • Macroclima: Clima de una región geográfica extensa, de un continente o incluso de todo el mundo
  • Microclima. m. Ecol. Clima local de características distintas a las de la zona en que se encuentra. Estructura del clima de escala pequeña en la capa atmosférica adyacente a una superficie determinada.